El largo viaje a casa

EMILIO GÓMEZ
(Periodista-Director)


Los que salimos a estudiar o trabajar fuera de casa, sabemos lo que es añorar nuestro pueblo. Uno siempre regresa a su infancia, a su lugar de origen. Unos lo hacen físicamente y otros con la nostalgia del recuerdo al estar fuera. Pero todos regresan. La vida son etapas. Casi ningún tiempo pasa enteramente sino que casi todos se esconden para regresar. El anciano será siempre niño porque hubo un tiempo donde lo fue. También será adolescente. El que ha pasado por todas las etapas comprende lo que es ser niño, ser joven, ser padre primerizo,…. El problema es que el joven no comprende al adulto porque todavía no lo es. Y al anciano menos porque no piensa que le llegará la vejez.

La sociedad moderna que hemos creado deja poco espacio para el viejo. Poco. Unos, los mayores, buscan una mejor manera de vivir. Y otros, los más jóvenes, piensan que la vida les pertenece solo a ellos. Se darán cuenta con el tiempo que todo es pasajero y que la vida es prestada. La experiencia es la sabiduría. Solo por el hecho de vivir, sabes.

No obstante, todo el mundo preferiría regresar a la juventud. Todos quieren empezar la vida quizás por la manía de quitar los errores que cometieron o por ser jóvenes otra vez. Muchos jóvenes se han tenido que ir fuera de España. Tendrán nostalgia de su país de origen. Pero son jóvenes. Cuántas veces hemos dicho “con lo canutas que las pasaron nuestros mayores; y mira lo alegres que eran y lo poco que se quejaban”. Era una sociedad más dura, menos preparada intelectualmente pero más fuerte anímicamente.

Lo que duele de ser adulto (y supongo que al anciano le dolerá más) es que poco a poco desaparecen las cosas que uno tuvo. Tratas de regresar a tu infancia y ya no están las cosas que la poblaron. 
Lugares desaparecidos, tiendas cerradas y calles transformadas. Sin contar rostros y almas que se fueron dejándolos de ver para siempre por el pueblo. Es doloroso que se mueran las personas que poblaron nuestra infancia o juventud.


Los pueblos se llaman y se seguirán llamando de la misma manera pero no son los mismos. No es el pueblo donde vivo, el mismo que yo dejé cuando me fui a estudiar a Granada. No es  el mismo en el que  viví mi infancia. Las personas cambian los pueblos. Distintos rostros, distintas almas,  distintas modas, distintas épocas. Por eso es tan importante guardar las tradiciones. Lo único que nos queda de los pueblos de otras épocas es eso, lo que fueron. Parece poco pero es nuestra historia. Muchos ancianos quieren regresar a su infancia y no la encuentran en las calles ni en las casas de los pueblos. Solo en su memoria. La evolución nos obliga a cambiar pero sin dejar atrás nuestra esencia que es la de los que nos precedieron. Desaparecieron muchas personas mayores como no habrá otras. Gente que padeció una guerra, mucha pobreza y poca vida de bienestar. Me refiero al bienestar general pues bienestar interior tuvieron más. No se pelearon consigo mismos como hacemos ahora.  Lo dejo ya. Y todo este artículo surgió recordando cuando volvía a mi casa después de un largo viaje en Granada. Uno siempre regresa mientras está.


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