El espíritu femenino

EMILIO GÓMEZ
(Periodista-Director)


El pasado jueves 8 de marzo se celebró el Día Internacional de la Mujer. ¡Qué importante es el papel de las mujeres! No en la sociedad, sino en todos los aspectos la vida. Lo primero que tenemos que decir es que sin la mujer se acabaría el mundo. Está claro que la natalidad depende de las mujeres que son las que traen los hijos al mundo. Los traen, los cuidan, los miman y los protegen con un cariño que se llama ‘amor de madre’. ¿Hay algo más importante que eso? También es cierto que las que sacan las casas arriba son ellas. La casa es el cimiento de las personas que viven en ella. Y las mujeres sostienen la casa. Yo no miro solo las innumerables tareas domésticas (que en la mayoría de los casos son las que las hacen), me refiero a las tareas vitales. Y cuando digo esto, me refiero, por ejemplo, que el 75% de los niños son ayudados en las tareas escolares por sus madres. Un tanto por ciento mucho mayor que el que prestan sus padres. Es decir son claves en la educación, en los valores y en la cultura.

La mujer lleva tiempo preparándose mejor intelectualmente que el hombre. Pero yo no voy a entrar a demonizar al hombre ni a demonizar a la mujer.

Hombre y mujer tienen que ir en una relación perfecta. Varias amigas mías me habían pedido este artículo que tenía miedo hasta de escribirlo pues se ha radicalizado tanto el tema que parece que se puede interpretar mal. Yo creo que nos tenemos que poner todos de acuerdo en la vida. Hombres y mujeres. Reconocer que hay que trabajar mucho más en los derechos de la mujer. Reconocerlo. Pero también hacerlo desde la compresión, el diálogo y el acuerdo. La igualdad (como yo la entiendo y he leído en estos días) pasa por reconocernos tan distintos y tan complementarios, tan necesarios los unos y los otros, libres y fuertes, como piezas de un engranaje que encajan a la perfección.

No se puede meter a todos los hombres en el mismo saco (eso es un error). Que un hombre por el hecho de ser hombre no es machista . Los hay machistas y a esos serán a los que hay que recriminarle, no al resto.

Yo valoro enorme a la mujer y reivindico el papel de la mujer. La historia está llena de mujeres extraordinarias que han destacado en todos los registros de la vida. Todos los días son 8 de marzo. Busquemos una sociedad que apoye esa igualdad real. Reconozcamos el valor y los derechos de todas esas mujeres que ejercen cada día de madres, enfermeras, profesoras, administrativas, psicólogas, cocineras y amas de casa con sus hijos. Muchas tuvieron que renunciar a sus ascensos profesionales para conciliar la vida familiar.

Y por favor eduquemos en el colegio y en casa a los niños en el respeto a los demás, en el amor a los hombres y a las mujeres, en la tolerancia, en la dignidad, en la bondad. Eso es importantísimo. La igualdad no es una ‘a’ en vez de una ‘o’, no es un portavoz y una ‘portavoza’, ni es cosa de miembros y ‘miembras’. Ni tampoco se trata de exigir una discriminación positiva. La igualdad es otra cosa. La igualdad tiene que ser real. Y por supuesto en el mundo laboral. No tiene por qué un hombre ocupar un cargo en el que una mujer ha hecho más méritos para conseguirlo. Eso es una injusticia. Eso es lo que hay que evitar. Subvencionar las políticas de igualdad en cosas realmente importantes.

En mi casa, hay dos niñas ya que tengo dos hijas. Yo quiero que ellas tengan los mismos derechos sociales que los niños de su edad, que los niños de su clase. Los mismos. Y me gustaría que cuando crecieran tuvieran las mismas oportunidades. Las mismas. Ni más ni menos. Y que no hubiera diferencias. ¿Por qué el chaval del piso de enfrente que tiene a misma edad va a tener más oportunidades que mis hijas? ¿Sería injusto, verdad? Eso pienso yo. Pero también lo sería que mis hijas tuvieran ventaja con respecto a esos niños o a su hermano. Por eso es tan importante empezar esto desde la educación (en el todos somos iguales). Ni más ni menos. Es vital denunciar la brecha salarial que existe; la discriminación, la violencia, la exclusión laboral y social en que viven muchas mujeres. Por eso y mucho más, hombres y mujeres tenemos que reconocer que estamos condenados a entendernos y a respetarnos para convivir, llegar a acuerdos, querernos y completarnos. Como decía esta semana una cantante, “si trabajamos en equipo, somos mucho más interesantes y hacemos mucho mejor las cosas”. Palabras sabias como las de una una amiga periodista que decía, “yo no creo en un feminismo guiado por radicales, en el delirio de que el enemigo sea el hombre a abatir, ni creo en de la confrontación ni las barreras. No creo en un feminismo excluyente. Creo en un feminismo de diálogo, un engranaje que tenemos que encajar hombres y mujeres para que pueda moverse de verdad el mundo. Un feminismo que reconozca que la mujer es igual que el hombre en los terrenos de la vida”.

Los hombres creen que feminista es una palabra solo para mujeres, pero lo que realmente significa es pedir igualdad. Muchas mujeres creen que ser feminista es ser radical ante el hombre. Ni una cosa ni otra son ciertas. Ser feminista es pedir igualdad. Y hay que pedirla para que seamos iguales todos. En esta lucha social, hombres y mujeres tenemos que ser feministas, aliados, y compañeros.

El espíritu femenino mueve el mundo. Porque como decía al principio el espíritu femenino es algo mágico. Y luchemos por la igualdad, porque la desigualdad te hace sentir una impotencia brutal, porque la desigualdad duele. Luchemos por la igualdad que nos hará más fuertes a hombres y mujeres. Nadie por el hecho de ser hombre merece esto. Ni nadie por el hecho de ser mujer merece esto otro. Todos merecemos las cosas por lo que hacemos. Y se nos tiene que tratar con igualdad. Todos los días son 8 de marzo. Por una igualdad real y por esas mujeres que luchan cada día en su vida diaria. Como siempre habrá que estar atentos a los y las oportunistas que son los más radicales, esos que intentan sacar rédito de movimientos que son sinceros y que ellos o ellas llevan a su terreno aprovechándose.


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