De ayer a hoy en la infancia futbolística

EMILIO GÓMEZ
(Periodista-Director)

Me gusta ver las fotos antiguas que está colgando la Escuela de Fútbol. Reflejan el paso del tiempo. Y de otra vida. Diferente. Han pasado años. En mis tiempos no había Escuela de Fútbol. Estaba la calle que era donde rodaba el balón. De esquina a esquina colocábamos las porterías o si no, de acera a acera. Recuerdo que antes tener un balón Mikasa plastificado era como tener un tesoro. Íbamos con zapatillas de deporte con las punteras desconchadas. Cada tarde era una aventura al salir de clase. Recorríamos el pueblo, cada barrio tenía una calle donde había muchachos detrás de una pelota.

La primera promoción de la Escuela Municipal de Fútbol fue para los nacidos en 1979. Mi hermano fue uno de los primeros que entró en ella. Aunque en principio, Don José Antonio Guijo hizo una selección donde no lo llamó. Sabía que era cuestión de tiempo pues él tenía facultades para el fútbol. Manolo Galán y Juan siempre me comentaban de las bondades que tenía con la pelota y sobre todo me destacaban su increíble forma de ser. Eran tiempos distintos donde los padres dejaban más libertad a sus hijos. No le hacían los deberes, no había grupos de Whatsapp, no los llevaban a los entrenamientos en coche, ni iban a sus partidos y, sobre todo, no proyectaban en sus hijos sus éxitos y fracasos como se hace ahora.

Los padres de ahora, sueñan que sus hijos sean lo que ellos no fueron. En este mundo ‘de locura fácil’ que hemos creado, ven que su hijo le da tres toques seguidos a la pelota y piensan que puede llegar a ser un futbolista grande. Como decía Santiago Bernabéu “No hay peor cosa que corista con mamá, y futbolista con papá”. Lo que nos confunde a los padres es que creemos que podemos hacer que nuestros hijos sean lo que nosotros nos gustaría. Como decía Shakespeare “Sabemos lo que somos; pero no lo que podemos ser”. Y eso es lo que nos confunde. 



Por eso hay que tomarse más en serio a los niños y menos a los padres. Vivimos en una sociedad en las que los padres son más infantiles que sus propios hijos pues proyectan demasiado sus temores hacia ellos, protegiéndolos y escuchándolos mucho. Como decía José Martí “hay un solo niño bello en el mundo y cada madre lo tiene”. Está claro que también hay que comprender la labor de padre y madre y sus sentimientos. Como decía Andrés Eloy Blanco “cuando se tiene un hijo, se tiene el mundo adentro y el corazón afuera”.

De las fotos de aquellos primeros integrantes de la Escuela Municipal de Fútbol destacaría que, por entonces, ir con una equipación era lo máximo. Ahora los pequeños futbolistas van embutidos en gruesos chaquetones, con ropa de paseo, de entrenamiento y con unos campos excelentes de césped artificial donde lucir sus botas de tacos. Sus padres viven los partidos como si le fuera la vida en ello.

El fútbol es como la vida. Vas creciendo. Consiguiendo cosas y perdieron otras. Echando balones fuera, celebrando goles y victorias, asumiendo derrotas, y jugando partidos que, a veces, ganas y otras pierdes. Mientras tanto siguen posando chavales. Generaciones que pasan. Todo muy deprisa. Y el tiempo se guarda en estas fotos. Es la única manera de atraparlo. 


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