El cine San Juan y la película de Ben-Hur

EMILIO GÓMEZ
POZOBLANCO 


Solamente acudí una vez al Cine San Juan. Me pilló muy de niño. La primera vez que fui al cine estaba Pedro en la puerta, aquel maravilloso hombre que tenía una pequeña discapacidad en la mano, pero una enorme capacidad en el corazón. En la puerta una cartelera enorme donde se anunciaba la proyección de Ben-Hur en una versión más moderna y en technicolor. 



Me interné en un vestíbulo con moqueta y una cortina roja. Al pasarla, las butacas alineadas y una pantalla inmensa, iluminada de luz blanca. Me quedé fascinado del silencio, de los protagonistas en pantalla (de cuerpos y caras enormes), del sonido ya en la función (por todos lados retumbaba). Y del ambiente de domingo que había. La gente vestida para la ocasión, en pareja. Era el reflejo de una sociedad feliz con lo que había. Los carruajes romanos moviéndose de una lado a otro, con Charlton Heston como protagonista. No puedo hablar mucho del Cine San Juan pues era muy niño, sé que tenía mucha actividad: cine, teatro, eventos, zarzuela. Y también en feria.

Solo tengo el recuerdo de aquella noche donde vi Ben-Hur. La fascinación ha desaparecido un tanto del cine. Una pena que no vayamos más. Conserva el misterio, la oscuridad, la grandeza y el amor por un arte irrepetible. No es lo mismo ver los estrenos en casa. El Cine San Juan forma parte del pasado sentimental de Pozoblanco. Con esta foto que puso Casi Serrano en el facebook, me he acordado de Pedro, del ambiente de aquellos domingos y de lo bonita que era la vida. De cine. 


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