La droga sigue siendo un problema

EMILIO GÓMEZ
(Periodista-Director)


“Eran los años 80, fue el comienzo de todo” me decía Francisco Peñas ‘El Bacalao’ en una entrevista cuando estaba ya rehabilitado. Y así fue. En Pozoblanco empezaron los atracos a bares, comercios y farmacias. El miedo se apoderó de la localidad. ¿Qué estaba pasando? Un grupo de chavales estaban asustando al pueblo entero. Tuvieron durante meses y meses atemorizados a los vecinos.

Francisco, lo explicó abiertamente años después en los micrófonos de la radio, “en realidad éramos unos buenos chavales a los que la vida nos cambió por culpa de la maldita droga”. Para las familias de estos chavales, todo era muy dramático. No sabían nada de lo que estaba pasando. No había información. Solo problemas. Uno detrás de otro. Sus hijos estaban rotos por unas sustancias que no sabían hasta ese momento que existían. Madres y padres que veían como sus hijos estaban enfermos y sin solución. No hacían vida de ellos. Todo era incontrolable.

Lo peor de todo fueron las muertes por droga. La heroína se llevó por delante a varios de estos chavales a los que la droga los atrapó y los venció. Todo en una época en que la heroína y el VIH asociado al uso compartido de jeringuillas mataban por doquier. Hace unos días, fallecía en Pozoblanco uno de los últimos integrantes de aquella pandilla de chavales que fueron víctimas de la maldita droga. 



Aquellas familias padecieron mucho. La droga fue una picadora de almas. Impotencia, sufrimiento, dolor e injusticia. Quedaron, muchas de ellas, arruinadas y con el estigma puesto siendo rechazadas sin culpa. Tiempos muy difíciles. Solo las familias de los drogodependientes saben lo que sufrieron en aquellos años. Sus hijos fueron víctimas de un negocio. Todo el mundo cerraba los ojos y nadie decía nada. En España hubo miles de muertes por sobredosis. En aquella época, las sustancias estupefacientes recorrían las calles de pueblos y ciudades sembrando un reguero de muerte y dolor. Años después, Francisco Peñas reconocía que “la droga fue algo terrible en la que los culpables no sólo éramos los consumidores, la clave estaba en averiguar quién la traía, por qué llegaba la droga, quién la servía y el servilismo que producía. Eso nadie lo hizo ni se interesó en averiguarlo”.

La droga los perdía. Una vez que entraban en ella, no podían parar. En aquel tiempo, no había centros de tratamiento y los psiquiatras pasaban del tema de las drogas. Ha pasado de aquello más de 35 años. Después de aquellos tiempos donde la heroína mató más jóvenes que cualquier guerra, vino un tiempo en el que se informó de los peligros que esta tenía. Se frenó. Nunca se acabó con ella. Y ahora nos estamos encontrando a la droga está vestida con otros ropajes. La heroína de entonces hizo mucho daño pero otras drogas como cocaína, crack, las de diseño, siguen estando presentes. Las nuevas generaciones no tiene el concepto de peligro. No son conscientes. No lo ven en el botellón y ven con naturalidad el consumo de droga. Eso es muy peligroso.

Con la extinción de la heroína, parecía que muchos problemas habían desparecido pero no es así. Nos olvidamos de otras drogas como la cocaína, que llegó como una droga de triunfadores y que hoy está haciendo estragos en nuestra sociedad. El problema es el inicio en el consumo pues como decía Francisco Peñas “el problema era que una vez dentro no podías parar”.

Se llega a la droga por causalidad y en un día, pero no se sale en un momento. La sociedad caprichosa que hemos creado favorece el avance de esta lacra. Entrenan a nuestra gente a probarlo todo rápido y a perseguir la felicidad comprando, gastando y consumiendo, y satisfaciendo nuestros deseos individuales en lugar de vivir en grupo compartiendo.

La gente busca sensaciones nuevas porque cree tener una vida aburrida, vacía y poco comprometida. La manera de soportarla es alterar su estado mental con productos químicos. Es un elemento más de los fines recreativos. Las consecuencias son vidas rotas, familias destruidas y una generación futura con problemas. Las drogas son cada vez más potentes y más baratas. Están al alcance de cualquiera y aprietan cada día más, creando todavía más adicción. Es algo aterrador. No obstante, se ha creado una sociedad consentidora con el mundo de la drogadicción.

La droga es una perdición se mire por donde se mire. Algunos jóvenes dicen que la práctica está tan extendida que ya no extraña a nadie. Hace veinte años no había botellones. Se bebía en los pubs y discotecas pero no en las cantidades de ahora. La cantidad de alcohol ingerida es mucho mayor. Hoy es descomunal el consumo que hay. No obstante, se sigue sin alarmar de sus perjuicios (que son enormes). Nadie controla el consumo de las drogas de diseño y de la cocaína, las cuales dominan el mundo nocturno y suelen ser acompañadas de alcohol.

Los efectos son de lo más negativo. Violencia, robo, accidentes, suicidios, enfermedades, asesinatos, malos tratos, violaciones. Todo ello está asociado (muchas veces) a la droga. Sin olvidar los desastres internos (riñas, disputas, divorcios, denuncias…) Recientemente el Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses sacaba un dato demoledor: El 42,1% de los conductores fallecidos en las carreteras españolas durante 2017 presentaron resultados positivos en alcohol, drogas o piscofármacos.

La droga del siglo XXI es la de ser felices artificialmente a cualquier precio. Y la felicidad no está en la droga sino en lo natural, en lo sencillo, en los valores y en lo colectivo. Los consumidores de ahora nada tienen que ver con aquellos de los años 80 que tuvieron en vilo a un pueblo pues la heroína era otra historia. Sin embargo, el consumidor de droga sigue siendo una víctima. Y lo es, porque es víctima de un negocio, de un engaño o de una sociedad irreal. Vencer a la droga sería estupendo aunque no es tan sencillo para el que está dentro. El problema es el inicio en el consumo. Sin embargo, lo bueno es que existen salidas como las que ofrece ProHombre Los Pedroches con José María al frente que sigue insistiendo que “en la droga no se debe de entrar nunca por los peligros enormes que tiene”. 


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