La ilusión no se vende, la ilusión se crea

EMILIO GÓMEZ
(Periodista-Director)


La ilusión no se vende, la ilusión se crea”, decía Juanma Lillo. ¡Qué razón tenía y a cuántos ámbitos de la vida se puede aplicar! El marketing lo ha invadido todo. ¿Qué era primero trabajar y luego vender lo que hemos hecho? ¿O era primero venderlo y luego lo haré? No es lo mismo el vendedor de sus sueños que el creador de sueños. El primero se vale de una creación que no es suya pero estamos en la era del ‘todo vale’ y de la confusión.

La moda es venderse y qué mejor hacerlo a través de las redes sociales. Uno cuelga en facebook su perfil más favorable. Su lado de la vida más amable. También el más superficial. Ninguna persona es tan fea como la foto de su DNI, ni tan guapa como la del perfil de su facebook. Maquillamos todo lo nuestro. Pero, ¿qué hay del lado de la vida más auténtico? En las redes colgamos momentos, compañías, besos, abrazos, frases. Sin embargo, somos un “yo, yo y yo permanente”. Los demás salen en nuestra página pero los adaptamos a nosotros. Y los sacamos cuando nos interesa. Compartimos a la gente y las cosas de estos en función de nuestra ideología, momento u objetivo. Parece un mundo más abierto. No lo es. Facebook es una buena herramienta pero hemos hecha de ella la creación de un mundo ilusorio que realmente no existe. Es virtual.

Hay una canción de Macaco en cuya letra dice “Luis tiene una red con un millón de amigos, pero en su casa hace un mes que nadie cruza su portal”. Como decía Lillo, la ilusión no se vende, la ilusión se crea. ¿Y cómo se crea? Pues trabajando y creando. Antiguamente nos decían “estudia, trabaja y no te des autobombo, que ya te lo darán los demás si lo haces bien”. Hoy todavía no han empezado los chavales a estudiar de verdad y ya están queriendo colgar sus éxitos. Los políticos antes de empezar a gobernar ya han colgado actuaciones que son solo proyectos. Muchos ni se cumplirán. Y los novios cuelgan besos antes de quererse.

Todo esto sucede porque está permitida la mentira en la sociedad actual. Está vista como una cosa normal. Nadie queda en evidencia por mentir. La gente miente sabiendo que los otros lo saben. Recuerdo que cuando era un crío y venía de la biblioteca con libros, un vecino de mi calle me decía; “los libros son mentira, son cosas que se inventa el que las escribe”. Nunca lo creí porque sabía que los libros tenían que ver con la vida. Eran cosas maravillosas que creaba el autor basadas en la vida misma. Los libros se han quedado en las estanterías. ¿Qué fue de esas horas nocturnas de lectura, de esos viajes en globo, de esos héroes de aventuras?

Hemos cambiado los libros por nuestro perfil de facebook. El problema es que a través de las páginas impresas conocíamos lugares maravillosos y con la red social pasamos demasiado tiempo en peinarnos para la foto que vamos a colgar. Miramos hacia dentro y no descubrimos lo de fuera. Creemos que los protagonistas del mundo somos nosotros cuando en realidad nos cuesta ser protagonistas hasta de nuestra propia vida.



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