¿Y tú en qué Navidad estás?

MIGUEL CARDADOR LÓPEZ
(Presidente-Editor)


Esta noche se alza el telón de las fiestas de Navidad con la cena de Nochebuena.
Aquí, como en todo lo de la vida, influyen los factores de la edad, situación económica, de salud, de creencia, etc. Y como es normal, todas estas circunstancias, son las que hacen que las afrontemos con diferente actitud.

Para mí, las verdaderas Navidades fueron las de mi infancia y adolescencia, pues a pesar de la escasez de medios materiales lo suplíamos con creces jugando a todas horas en la calle partidos de fútbol, cantando por las casas, viendo las películas vespertinas de la televisión en blanco y negro, el clásico Torneo de Navidad de baloncesto del Real Madrid, admirando los juguetes en el supermercado Olid, escaparate de establecimientos Cardador y Galerías San Fernando.

Comer las típicas perrunas caseras que hacía mi madre, morcilla de cebolla fresca asada o comer todos en la olla al centro un arroz con liebre.

También es verdad que aún no he perdonado del todo al Rey Melchor, al que le pedí durante 7 años un tren eléctrico, y la verdad es que nunca me llegó. A lo mejor fuese que yo no lo merecía.

Para mí la mejor Navidad fue la de 1974, con doce años, cuando mis primos hermanos, Ángel e Isabel, las pasaron en mi casa, compartiéndolo todo y donde tuvimos unos buenos e igualitarios reyes, gracias a la carta que le escribió mi tío Manuel Caballero.

En la actualidad miro en esta noche las sillas que quedan vacías de seres queridos, como mis padres, suegro y abuelo Bernardo, que ya no están, y su ausencia se nota y mucho. Ya he entrado además en el tiempo y circunstancias en donde la percepción es que estos días se consuman con una marcha más de velocidad.

Tampoco viene mal el hacer un balance de lo que ha sido el año, pero no contable, sino como personas, para ver en qué podemos mejorar.

Dentro de mi creencia religiosa de sentido universal, sin camisetas de ningún tipo, creo que hay que valorar que la mayoría estamos mejor de lo que nos creemos, empezando por mí. Y que tenemos que echar la vista atrás, para ver que en muchos lugares existen casos de necesidad, y no hablo sólo ya de un plato de comida, sino del problema de la soledad forzosa, que se hace más acuciante en estos días tan entrañables y especiales, donde la sensibilidad está a flor de piel. Hay que acordarse también de todos los que sufren, y en especial de los que padecen algún tipo de enfermedad, que es lo peor que le puede suceder a una persona, y valorar adecuadamente lo bien que estamos cuando tenemos salud, pues muchas veces somos tan necios y tan torpes que no la valoramos hasta que no la perdemos.

Estas fiestas está claro que son especialmente relevantes para los más pequeños de la casa, y aunque la mayoría tiene todo tipo de juguetes hay que seguir con la tradición de la ilusión, pues las Navidades vividas en la infancia se quedan para siempre instaladas en el corazón de las personas.
Yo, en estas fiestas y para el año 2017, pensando en el Niño que nos nace esta noche en el portal, levanto mi copa para brindar y desear que mejoren los que padecen algún tipo de enfermedad. También por los que sufren la soledad forzada, por los humildes que haciéndoles falta no se atreven a pedir ayuda. Porque aprendamos todos de nuestros errores, porque los políticos que gobiernan en cualquier ámbito estén lúcidos en sus actuaciones, y con la colaboración y compromiso de todos, sea posible construir un futuro aún mejor. Y por último, que nuestros defectos de envidia y la torpeza de no saber valorar como procede lo mucho bueno que tenemos, sepamos detectarlos para poder superarlos en el nuevo año.


¿Y tú, en qué tipo de Navidad estás? 


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