Pongamos que hablo de vivir (XXVIII)

JOSÉ ANTONIO CARBONERO FERNÁNDEZ
(Técnico de la Cooperativa Olivarera Ntra. Sra. de Luna de Vva. de Córdoba)


Que maravilla volver a ver llover durante días y sin parar, los que vivimos del sector agrícola y ganadero siempre tenemos una tendencia inequívocamente clara que nos lleva a mirar al cielo, siempre en tensión preocupados por la lluvia o el aire, el calor excesivo o el frío extremo. Estos últimos años de todo ha habido, pero por fin vuelve a llover como antaño, día tras día, sin pausa, casi se nos había olvidado lo bien que le sienta a la Comarca.

El río Gato, el Cuzna o el Guadalbarbo, discurren alegres y caudalosos por los recovecos de nuestras admiradas sierras y el sonido, inigualable por cierto, poco tiene que envidiar al de cualquier adagio, al menos para mí, pues a ciencia cierta, uno sabe que ese sonido es el equivalente más exacto de riqueza para una comarca ganadera y olivarera que interrelaciona toda su economía con estos dos sectores.

Hasta hoy lunes día 5 de Marzo, las lluvias acumuladas han sido abundantes y bien caídas como suele decir, según los datos de los que disponemos en prácticamente toda la comarca se han superado ya los 200 litros/m², esto implica que aproximadamente hayan caído unos 350 litros durante el año agrícola, unos valores interesantes para la fecha en la que estamos, y aunque aún la demanda es superior, poco a poco, el campo y el olivar van tomando el cariz necesario y adecuado, sin soslayar el hecho de que el nivel de los pantanos que nos abastecen era realmente bajo, lo cual nos generaba gran preocupación e incertidumbre.

El Ingeniero Agrónomo Fernando Muñoz Arboleda, publicó una disertación muy interesante en la revista Nutrición y Fertilización, acertadamente menciona que de todos los recursos que las especies vegetales necesitan para crecer y desarrollarse, el agua es el más abundante y puede ser, también, el más limitante por el gran volumen que una planta debe absorber durante todo su ciclo de vida. No obstante, las plantas sólo conservan aproximadamente el 3% del volumen total del agua que absorben, cantidad que usan en la fotosíntesis y otros procesos metabólicos. El 97% del agua restante, cuya principal función es el transporte de nutrimentos disueltos a través de la planta, asciende desde la raíz hasta la superficie de las hojas, donde es evaporada en forma de transpiración.

Queda claro por tanto, que el déficit de agua en el suelo es el factor principal que impide que los cultivos alcancen su potencial de productividad. La cantidad de lluvia y su distribución en el tiempo en un sitio o región determinados pueden permitir que se alcancen rendimientos óptimos en los cultivos o pueden impedirlo. La falta de agua limita la producción de los cultivos, ya sea el olivo, la encina, el almendro, etc., el motivo es que no se cubren las necesidades básicas de los mismos para alcanzar la productividad deseada.

El problema principal de la sequia estriba en que se produce un déficit de humedad del suelo y es por ello que disminuye la disponibilidad de los nutrimentos a pesar de que se encuentren en cantidades suficientes, puesto que en el suelo hay de todos los nutrientes que un árbol necesita, sin embargo, el árbol no puede extraerlos ya que se encuentran retenidos por diferentes causas, siempre asociadas a la escasez de humedad. Las plantas requieren que los nutrimentos se encuentren disueltos en la solución del suelo para que éstos puedan ser absorbidos y translocados hasta los lugares donde van a ser metabolizados. El exceso de agua o el déficit en la zona radicular afectan la forma química en la que están presentes los nutrimentos en el suelo.

En nuestro cultivo, olivar de Sierra en secano, la situación estaba llegando a ser preocupante, digo era porque gracias a lluvias acontecidas esta situación ha cambiado drásticamente, el factor más importante no es otro que el cultivo cuente con humedad suficiente tanto a nivel foliar, a través de sus hojas, como a nivel radicular, a través de sus raíces, de esta forma se contrarresta los procesos de evaporación en el secano. El olivo necesita un regular aporte de agua, vía precipitación o vía riego, desde la primavera, donde se da el inicio del crecimiento de sus brotes y yemas hasta el otoño, época donde se produce el engorde y maduración de su fruto.

Estamos de celebración por tanto e inevitablemente contentos como no podía ser de otro modo, que continúe lloviendo pues esto es una inyección económica y moral de proporciones estratosféricas para nuestra comarca, siempre hago referencia al “oro líquido” en los artículos refiriéndome al AOVE, pero qué duda cabe, la lluvia perfectamente bien podría entrar también dentro de ese concepto por su importancia y relevancia.


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