Cifuentes y similares

SEBASTIÁN MURIEL GOMAR


Lo de Cristina Cifuentes no es un hecho aislado. Es aislado descubrir que no hizo el master. Para mí lo grave es que en la sociedad hay bastante gente que está acostumbrada en este país, posiblemente en casi todos aunque en unos países más que en otros, a caminar sobre las cabezas de los demás. La corrupción es un cáncer social que siempre ha estado ahí y podemos vaticinar que siempre estará. El caso de la señora Cifuentes tiene más relevancia por ser personaje público, “mantenella y no enmendalla”, y haber aparecido en el PP como látigo de la corrupción interior, pero la prensa diaria está llena de casos comparables y la vida diaria mucho más. Me pregunto por qué está señora accedió a lo que parece irregular actuación cuando, con total seguridad, hubiera sido Presidenta de la comunidad de Madrid con el Master y sin el Master. ¿Complejo? ¿Titulitis? ¿Imagen? ¿Curriculum? Hace bien la prensa en denunciar todo este tipo de situaciones aunque algunas veces se detecta ensañamiento y exageraciones que no hacen ningún bien. El cómo se denuncie entiendo que también es importante. Lo digo porque ningún sector profesional es un colectivo de espíritus puros y en todos sitios cuecen habas. En concreto, en el caso Cifuentes, ante las evidentes y graves anomalías detectadas, considero que ya debería de haber dimitido.

Supongo que Cifuentes se irá, pero la corrupción en el mundo político seguirá generando ríos de tinta y cataratas de tertulias porque es consustancial al vivir. Estoy un poco cansado de ver como muchas personas se echan la mano a la cabeza con las corruptelas ajenas y las mantienen en los bolsillos ante las propias. Por ejemplo me pregunto por cuántos investigadores o profesores aparecen como autores en tesis y trabajos de investigación sin haber hecho absolutamente nada. Es costumbre, política y social, apropiarse de los méritos de los demás y destacarlos como propios. El fin justifica los medios y lo importante es aparecer en la foto final aunque para eso hayas tenido que pegar codazos y puntapiés o alterar o reconstruir papeles y actuaciones. Lo esencial es la imagen, el envoltorio, el contenido no importa cuando todos sabemos – recordando a Saint Exupery – “que sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos y que lo que hace importante a tu rosa es el tiempo que tú has perdido con ella”. Lo importante parece ser que es tener un extenso curriculum, sin importar el tiempo que le hayas dedicado.

La lucha por la imagen es brutal. Es por eso que las redes sociales están causando estragos y la mayor parte de la clase política está ahí. Hoy si no tienes un asesor de imagen no eres nadie. En el mundo del cine cuentan la lucha por la imagen entre dos grandes actores que aparecían como protagonistas del mismo film…la imaginación solucionó el tema….en el mismo fotograma pusieron el nombre de los dos y con el mismo tamaño de letra, pero el que apareció en primer lugar lo situaron en la parte inferior, situando al segundo en la parte derecha pero más arriba. La realidad del mundo es así.

La política es terreno abonado para todo esto y el “representar” es de capital importancia. Donde te vas a sentar, al lado de quién vas a estar, después de quién vas a hablar, quién va a asistir etc…se convierten en armas arrojadizas entre los respectivos asesores de imagen y el jefe de protocolos. Opino que hoy el político gestor ha sido suplantado por la imagen del político. Recuerdo que Leopoldo Calvo Sotelo nunca pudo competir con la imagen de Suárez ni con la de Felipe, y me refiero sólo a la imagen física. Así son las cosas. Hoy las campañas electorales se han convertido en genuinos escaparates donde el “look” de la persona y su forma de vestir tienen que ir acordes con los escenarios. Lo que diga no importa demasiado porque importa más como lo diga. Así, el político de los argumentos, el político de la buena gestión, el político con sabiduría, el político preocupado por los problemas de la gente es sustituido por el político – actor porque la imagen que se transmita hace creíble el mensaje, aunque todos conocemos los refranes que “el hábito no hace al monje” y “las apariencias engañan”.

Dicen que una cámara de fotos o de TV desnuda al personaje. En la actualidad creo que eso ya no es cierto pues políticos y políticas han aprendido a engañar también a las cámaras y además dicen lo que la gente quiere escuchar, no lo que deben. Los resultados están ahí: Trump, Putin, Brexit, populismos, nacionalismos, etc…

El principal problema es que la sociedad se cree, sobre todo, lo que ve y eso ya no tiene solución porque las imágenes nos trastornan de tal manera que son los sentimientos los que deciden. Los políticos han aprendido a manipular y explotar nuestros sentimientos y los países los convierten en enormes campos de fútbol haciendo aflorar nuestras emociones más primitivas: que mi equipo gane aunque sea de penalti injusto en el último minuto. Es la fuerza de la imagen transmutada en emoción y en votos. Es la ambición la madre del engaño. En cualquier caso un no presentado nunca será un aprobado.


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