Con la resurrección, empieza la Pascua y termina la Semana Santa

EMILIO GÓMEZ 
(Periodista-Director) 


Terminó la Semana Santa. Es hora de hacer balance del principal acontecimiento cultural, religioso y de atracción turística de pueblos y ciudades en Andalucía. En Pozoblanco, el tiempo respetó a medias pero cuando lo hizo las procesiones lucieron en todo su esplendor.

El Viernes Santo amaneció con el cielo encapotado y con algunas lluvias provocando que no se pudiera completar la procesión de “La Madrugada”. Por la tarde sí salió el Santo Entierro de Cristo que este año fue sin la Escolta Romana de Soldados a caballo y sin la banda del Medinaceli. Se echaron en falta (mucho más en su barrio, por donde pasó este año). Esperemos que para el 2019 estén otra vez en la calle pues forman parte del legado histórico del Viernes Santo.

La nota más triste fue el desconsuelo de la Hermandad de La Soledad. Las inclemencias meteorológicas impidieron que esta gran Hermandad pudiera realizar su estación de penitencia. No obstante, se vivieron momentos únicos en la parroquia de San Sebastián. El principal, en el interior de la Iglesia, cuando la Soledad bailó al son de su Agrupación en la iglesia. Precioso. Impresionante la gente que fue a su encuentro instalándose a las puertas de la parroquia. También lo fue la esperanza de que las previsiones de lluvia cambiaran por parte de costaleros, costaleras, banda, músicos, capataces, nazarenos, nazarenas, cofrades, barrio y el pueblo entero. Estuvieron mirando al cielo todo el día. Llevaban semanas mirando en internet. Fue una locura, gente conectada a su móvil en las páginas del tiempo (entrando y saliendo). Cada minuto, cada segundo esperando que la probabilidad de lluvia se fuera o bajara. 



Es cierto que la procesión sale a la calle un solo día al año. Es cierto que la procesión es la parte visible y pública del trabajo de toda la hermandad. Es cierto que la procesión es la recompensa al trabajo de todo el año. Por eso duele tanto no poder salir. Pero el trabajo de todo el año también es importante y ese se hizo con la ilusión, ganas, voluntad y la esperanza de todos. Cuesta mucho mover, poner en marcha una procesión con tantos cofrades, hacer un equipo, coordinarlo todo (banda, costaleros, costaleras, personal).

La Semana Santa arrancó con el Domingo de Ramos. Palmas y ramas de olivo en una tarde nublada pero sin viento ni lluvia. El Colegio Salesiano se vistió de alegría para recibir a Jesús en su Entrada Triunfal. El rojo, el verde, el amarillo, el blanco, el azul, todos los colores lucieron en nuestras calles en la procesión de los colores.

El barrio de San Gregorio fue, como cada año, un reguero de gente esperando la salida de sus titulares. La belleza de la noche se iba correspondiendo con el paso de Ntro. Padre Jesús del Silencio. Con él, María Santísima de la Salud. Ofrecían el mensaje de Salud-Salvación.

La grandeza de lo sencillo. La Hermandad Servita y Cofradía de Nazarenas de María Santísima de Los Dolores tiene su propia forma de entender la Semana Santa. Sencillez, simplicidad, devoción, belleza, saber estar. Fuera del espectáculo. Esta Cofradía tiene su propia forma de entender la vida. Martes de rosas blancas para la Virgen de los Dolores. Elegancia, respeto y mucha fe que cada año adorna esta estación de penitencia. Como decía Maxi Sánchez “esencia pura, sin protagonismos humanos, sólo quien debe tenerlo: la Virgen de los Dolores”.

Pozoblanco volvió a demostrar la devoción que le tiene a Jesús Nazareno. Devoción por esta imagen que viene desde tiempos muy remotos. En la capilla de Jesús, cada martes, huele a infinito y esparto. Una sensación que hay que estar allí para explicarla. El misterio del Nazareno que sigue teniendo esa manera de mirar, conmover y generar emociones. Esa complicidad cuando pasa a tu lado y esa capacidad de expresión. Esas emociones a flor de piel son de las que se graban.

A primera hora de la tarde del miércoles, ya había gente en las puertas de la parroquia de San Bartolomé para coger buen sitio en la procesión. Las manecillas del reloj descontaban las horas que quedaban para la salida del Medinaceli. Una vez en la calle, todo iba en perfecta armonía, la cuadriga, los caballos, los nazarenos, las nazarenas, la banda, los braceros. Y, por supuesto, el Rescatado que llevaba a un séquito de personas detrás. Mandas, oraciones, rogativas. ¿Qué tiene ese Cristo que tanto arrastra? Los de San Bartolomé no quieren dejar de pregonar las alabanzas de su titular. Tienen duende esas calles, ese Cristo y esa parroquia es el centro de todo (el corazón, la trastienda, la oración, las plegarias, el amor). 



El Sosiego del alma. A media luz con faroles de viático y con el redoble de los tambores roncos traían al Cristo de la Caridad en su Vía Crucis. Todo era paz y espera. Las luces de las casas, por donde pasa la estación de penitencia, se encendieron cuando estaba próximo el Cristo en su cruz. El silencio de la noche, los rezos sentidos (casi cantados) en el Santo Vía-Crucis, el bullir armonioso y pausado de los nazarenos, el silencio rascando en las gargantas y esas lágrimas que se escapan. Sí, es el sosiego del alma.

El Jueves Santo donde, de nuevo, la iglesia de los Padres Salesianos volvió a abrir sus puertas para predicar el Perdón acompañado de la Virgen de la Amargura. Se cambió el recorrido por las obras del Bulevar. Los pasos, como siempre, iban adornados y llevados con mucha sencillez y buen gusto. Sin olvidar, que muchas de sus ‘levantás’ pusieron de punta los vellos así como la belleza del palio de la Virgen alejándose y envuelto en una nube de incienso. Los sonidos dulces de la Banda del perdón mezclados con los colores de la noche nos hicieron vivir ese sentimiento verdadero que se busca en estos días.

El Prendimiento- Cofradía de Soldados Romanos (Sayones). El Nazareno, cada Viernes Santo, va iluminando el día (poco a poco) dejando que abra la mañana con colores tenues. Los de la mañana del viernes con la incertidumbre del tiempo. La calle Andrés Peralbo, que es donde le roba cada año la luz a la oscuridad, no pudo ser testigo de la subida del Cristo. Este año se tuvo que volver con un recorrido improvisado por Jacinto Benavente, José Estévez, Doctor Fleming y la calle Jesús. A pesar de todo, el ritmo de la banda era celestial y el caminar de los costaleros. Sí se hizo completo la representación del acto sacramental del Prendimiento irrumpiendo los soldados romanos en la Plaza de Santa Catalina en busca del Nazareno y el canto de la sentencia de Poncio Pilato.

La Virgen de Luna viene a decirnos que Cristo ha resucitado. Lo hace vestida de nazarena y mecida en el compás de la música que lleva atrás. El tintineo de las campanas de Santa Catalina anuncia la alegría de la Resurrección. Rumbo al encuentro de la felicidad. Primavera, pascua, resurrección y la vida en un día con el cielo vestido de azul y el sol en todo lo alto. Lo que el sábado era una calle oscura y silenciosa se ha convertido en una primavera que florecía al paso de la procesión. 



La Semana Santa en Pozoblanco ha experimentado en la última década un notable cambio evolucionando en todo su contexto. Quizás más festiva y menos religiosa (algo que hay que mirar y cambiar un poco) aunque con la participación de mucha gente joven. Es difícil hacer que se impliquen los jóvenes por lo que ya es un gran logro que se encuentre tanta respuesta juvenil en las hermandades. No habría dinero en el mundo para pagar el trabajo de todos en estos días.

Este año la respuesta de la gente en general ha vuelto a ser buena. Quizás haya habido menos gente en la calle. Se ha ido más gente de vacaciones fuera de la localidad o al campo. No obstante, se ha vivido con intensidad. Los interrogantes que quedan por solucionar son los de las saetas, el ya mencionado del Santo Entierro de Cristo y las sillas de la carrera oficial.

Las saetas se venían cantando en las procesiones desde los años 40. Los silencios, el cante flamenco y hondo, el misterio del balcón donde se busca al ‘cantaor’, el respeto, el olé final, el sentimiento de las letras. Además los ‘cantaores’ forman parte también de la tradición y el folklore de Pozoblanco. La gente se sabía los sitios donde se solía cantar y quién cantaba. No se puede perder esto. Faltó el ‘quejío’ de la saeta

El tema de las sillas de la carrera oficial sigue siendo motivo de reflexión. La gente no ocupa mucho las sillas. Muchos dicen que la Semana Santa es para vivirla en la calle, de pie y esperando la procesión. Este año se especuló con la introducción de vallas detrás de las sillas para que la gente pudiera comprar más su sitio en la carrera oficial. La Agrupación de Cofradía, con buen criterio, no las colocó sabedores de que no sería del gusto de todos al impedir la visibilidad de las procesiones a los viandantes a ambos lados de la calle. Es cierto que, a lo mejor, se reduciría el bullicio y se mejoraría la comodidad de aquellos que se han gastado un dinero en los abonos. Por el contrario, se rompería una forma tradicional de ver las procesiones en la calle más emblemática de la Semana Santa, la calle Real.

Sea como sea, la gente ha acudido a la llamada de las Hermandades en Semana Santa, niños, niñas, jóvenes, padres, madres, abuelos y abuelas. Todos. Unos al lado de los pasos, otros en las aceras, en los balcones o en los que están en las residencias sin poder salir pero que las viven con el recuerdo y el corazón.

Ya ha acabado todo y ha empezado la lucha del día a día. Se echa en falta a los que hoy han tenido que marcharse a estudiar o trabajar fuera y el bullicio de esas calles llenas. La Semana Santa sigue siendo el gran acontecimiento cultural, religioso y social de nuestros pueblos. Una tradición que se mantiene a pesar del paso del tiempo. Esa es su grandeza. 



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