Aprender algunas cosas de nuestro vecino del norte

MIGUEL CARDADOR LÓPEZ
(Presidente-Editor)


Los seres más racionales e inteligentes sobre el planeta llamado Tierra somos, supuestamente, los humanos, aunque según muchas actuaciones y reacciones se pueda poner en duda esta teoría.

Desde que nacemos deberíamos a través de la educación y el sentido común, sumado a la experiencia, de mejorar en todo lo que concierne a crear una estabilidad como país y un vivir personal adecuado y digno.

Los españoles, tenemos de vecinos a los considerados por mucha gente como primos hermanos pobres, por el oeste, que son los portugueses. Gracias a mi trabajo he podido comprobar de primera mano en los diversos viajes a distintos lugares del país lusitano el esfuerzo que hacen ellos por agradarnos, empezando por hablar el castellano y siendo receptivos con una sonrisa en la cara en la mayoría de las ocasiones.

Por el norte tenemos a ese primo lejano, que es más rico que nosotros y al que siempre le hemos tenido algo de manía e incluso de envidia, porque en la mayoría de las cosas eran nuestro ejemplo a seguir. La verdad es que si les copiáramos algunas cosas básicas nos iría bastante mejor.

Por poner algunos ejemplos la Constitución francesa en su artículo 1º dice, “Francia es una República indivisible, laica, democrática y social”. Artículo 2º “La lengua de la República es el francés”. El artículo 89, “No podrá iniciarse ni proseguirse ningún procedimiento de reforma de la Constitución cuando afecte a la integridad del territorio”. Esto no impide que haya libertad para que se hablen otras lenguas como el corso, catalán, occitano o el vascuence, pero sin rango de idiomas oficiales.

Otra cosa que hay que recordar es que el Código Penal galo castiga con suma dureza la financiación ilegal de partidos políticos o a los políticos de forma individual. Además se sanciona con severidad y penas de prisión los insultos, humillaciones y desprecios a su bandera y a su himno.

Mientras que en España, por todo esto no pasa absolutamente nada y se tapa con la manta de la libertad de opinión y de expresión.

Para que sigan viendo la disparidad en la diferencia de actuar, vemos cómo el Ayuntamiento de Madrid, gobernado por la podemita Manuela Carmena con el incomprensible apoyo del PSOE, recientemente ha aprobado el suprimir el nombre de Felipe VI del Parque de Valdebebas. Y como mandan sobre todo los prejuicios y las neuras, y se está más pendiente en quitar o revisar lo que no va en consonancia con la ideología personal, que en gestionar con eficacia y arreglar los asuntos importantes del vivir cotidiano, llega el sábado día 24 de marzo, día en el que se anunciaban vientos superiores a 80 km/hora y, por tanto, previsiblemente situaciones muy peligrosas, y sabiendo además que el día anterior se habían caído varios árboles en el parque del Retiro, no prevén un riesgo muy probable ni toman la decisión lógica de haber cerrado el mismo día. Con haber tomado esta decisión, basada en la previsión, en la prevención y en tener como primer objetivo de la gestión municipal el preservar ante todo la seguridad de las personas, se hubiese evitado una muerte, la del niño de 8 años que falleció aplastado por la caída de un árbol sobre las 13:30 horas. Tuvo que ocurrir esta desgracia para decidir cerrar el parque durante el resto del día. Esto es una clarísima falta de previsión y una negligencia por parte del gobierno municipal madrileño. De sentido común hubiese sido no abrir el parque ese día con los datos meteorológicos del día anterior, decisión que hubiese tomado un niño de 10 años.

En Francia la agresión a un agente de orden público se castiga con severidad, por el contrario en España se arregla el problema con un “donativo”.

En el país de la bandera tricolor se limita y se controla el número de contratados y asesores de los políticos nacionales y municipales. Aquí estamos pagando el sueldo a miles y miles de enchufados que viven a costa del contribuyente de a pie sin hacer absolutamente nada.

En España, como lo que se pretende por algunos es que no se supere jamás la confrontación civil y que no se apaguen nunca los rescoldos del odio para irlos propagando generación tras generación, seguimos perdiendo demasiado tiempo y enconándolo de forma descarada con el proyecto de empeorar la Ley de Memoria Histórica, convirtiéndola -todavía más- en una bazofia de resentimiento sectario promovido con claro calado electoralista, que además ataca frontal y vergonzosamente al espíritu de concordia y reconciliación que supuso la ejemplar, modélica y reconocida internacionalmente Transición Política Española, un periodo de tiempo muy delicado y difícil en donde felizmente (entonces sí) imperó y se impuso la sensatez y la responsabilidad de los políticos y del pueblo español.

Y por si tod esto fuera poco, en Francia hay un gobierno, en España dieciocho. En nuestro país vecino los monumentos se respetan, porque por bien, regular o mal que lo hicieran cada uno, no dejan de ser historia, y por lo tanto no es delito elogiar a Robespierre, Napoleón o Luis XIV.

Y a algunos “progres” de España, que son en numerosas ocasiones muy tibios en la defensa de nuestro orden constitucional y nuestro sistema democrático, y que, paradójicamente, con increíble cinismo y desvergüenza se arrogan una superioridad moral y van emitiendo sin pudor alguno “certificados de demócrata”, les diría que cuando ponen ellos de ejemplo a países del norte de Europa, aunque algunos asesoren y muchos anhelen y se identifiquen con regímenes totalitarios de ultramar, que se apliquen a ellos mismos el sentido común y la razón, y en lugar de fomentar o justificar, por ejemplo, los escraches y las algaradas infames de los descerebrados de turno, el desprecio a las fuerzas de orden público o el ataque a los símbolos de nuestra nación, empiecen a trabajar ya de verdad en favor de nuestro país y sus habitantes, fomentando el verdadero progreso, que empieza por el respeto a la ley y la búsqueda de la unidad y la concordia entre todos los españoles.

Y viendo lo que ocurre en los últimos tiempos en nuestro país surge una pregunta: ¿Puede España y merece la pena aguantar dieciocho gobiernos, dieciocho parlamentos y dieciocho cuevas de derrochadores con sus respectivos cargos, muchos de ellos perfectamente prescindibles, en esta especie de reino de taifas?

Pues la verdad es que no lo sé, pero claro también es verdad que el país de la piel de toro es diferente y me agarraré a eso de momento.

Y mientras tanto seguimos con el esperpento sin fin del intento de investidura en el Parlamento catalán y el circo mediático de la detención de Puigdemont, que chupa más audiencia que Messi y Cristiano juntos.

Pero bueno, no todo van a ser pésimas noticias, ahora nos queda el humor y la esperanza de “Tabarnia”, esa sátira que deja retratados y con las vergüenzas al aire a los esperpénticos separatistas y a sus cómplices, y que a falta de mejores ejemplos es un buen espejo donde mirarse en estos momentos que atravesamos de irracionalidad e involución política.



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