Las huellas del pasado y las tradiciones en Pedroche

EMILIO GÓMEZ
(Periodista-Director)


Ese modo de vida que perdimos hace unos años, se recupera en Pedroche en estos días con una actividad que se desarrolla en el Cercado Cristo, frente a la ermita Piedrasantas. Allí está nuestra historia. Cada año vemos como todo lo que se hacía antes, va quedando cada vez más lejos. En estas actividades están los últimos románticos de un modo de vida único e irrepetible que se va perdiendo a marchas forzadas. 

Algunos paisajes de nuestra zona conservan todavía un cierto aire antiguo. Pedroche es prueba de ello. Sus calles, sus casas austeras, sus campos salvajes y su gente. Me refiero a esa gente, pasional y de carácter, que trata de defender un mundo que ya no existe. Habita en él, la otra vida, la de los oficios antiguos. Me refiero a esa que transcurre en nuestro enclave agrícola y ganadero.

Si se habla de turismo, como modo de salvación de la zona, habrá que buscar lo que podemos mostrar. Y tendremos que recurrir a lo que fuimos. Todavía tenemos esos cortijos primitivos en los que se cobijaron nuestros antepasados en las noches húmedas del invierno y en las tardes de calor sofocante en verano. Y, lo más importante, todavía existe la gente que muestra ese modo de trabajo perdido. 



Pedroche tiene claro que el caballo ha sido el referente de esta tierra. El caballo unido en armonía con la agricultura. Su historia nació en la funcionalidad de las labores camperas. De la misma manera metemos en el mismo saco al burro y al mulo que han sido los aliados de los agricultores en todas las tareas del campo. Jáquima, herradura, arado, yugo, trillo, collera, antebrazos, criba, pala, horca, ganchos, anterrollos, las orejeras. Palabras que desconoce la sociedad de ahora y que en anteriores décadas eran las más usuales en cualquier casa de nuestros pueblos.

La agricultura ha sido para Los Pedroches uno de los pilares básicos de su economía y el agua, un elemento vital. Se llevaba esperando mucho tiempo el agua que está cayendo. Es una bendición (como lo fue siempre para el campo). La lluvia es ese bien necesario, de la que se quejan algunos a pesar de ser el mejor regalo para nuestros campos. Esas lluvias han convertido en un tapiz verde nuestros campos volviendo a correr el agua por los arroyos y dejando charcos en los caminos.

Pedroche vuelve a sus orígenes mostrándose tal y como era. Lo hace con exhibiciones de arar, trillar, portear, esquilar, hacer paredes de piedra, trabajos de cantería y, en definitiva, recreando esa vida en una choza de pastores o campo abierto. A veces cuando nos quejamos de lo mal que estamos, no miramos lo poco que tenían nuestros antepasados y como se lo trabajaban. Ganaderos y agricultores que aprendían desde la cuna, generación tras generación, los ciclos y las faenas del campo. Desde pequeños en el campo, sembrando, entre bestias, en los establos, guardando cochinos, de pastores..etc. Vidas muy diferentes que aprendieron apretando mucho los dientes.

Dentro de la magia del campo, está también la paz, la libertad, el silencio y la calma. El campo es, en nuestra zona, un remanso de paz. Aquí no existen las prisas de la gran ciudad, y el recorrido del sol marca los tiempos en animales y en la gente que vive en el campo. Más allá de las dificultades que ha encontrado el sector agrícola y ganadero, siempre ha tenido esa calma tan necesaria.

Pedroche es el mirador que te asoma al tiempo, a la historia y a lo que fue el Valle. Es imprescindible pasar por él para saber quiénes somos y el suelo que pisamos. Para descubrir nuestro misterio y venderlo, tenemos que viajar por nuestra tierra, sentirla y conocerla. Calle abajo, por las mismas piedras por donde la vida transcurre dura y lentamente en lo cotidiano, vivieron héroes, aventureros, pensadores, en definitiva hombres y mujeres que lucharon por su territorio. Nosotros somos depositarios de una sabiduría de siglos con sus logros y fracasos. Sus secretos son su experiencia en el campo. 


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