Pongamos que hablo de vivir (XLVII) ... La importancia de la poda, que no de la tala

JOSÉ ANTONIO CARBONERO FERNÁNDEZ
(Técnico de la Cooperativa Olivarera Ntra. Sra. de Luna de Vva. de Córdoba)


Curiosidades, es muy común escuchar o emplear el verbo talar, pero lo empleamos con un sentido erróneo, pues talar es cortar un árbol por el pie, cosa que no hacemos lógicamente, al menos no que yo sepa. Para hacerlo correctamente, debemos usar el término podar, eso es lo adecuado, y les explico el porqué, según la RAE (Real Academia Española), se define podar como: “cortar o quitar las ramas superfluas de los árboles, vides y otras plantas para que después se desarrollen con más vigor”.

Decía el Agrónomo Romano Columela: “Quien ara el olivar, le pide fruto; quien lo abona se lo pide con insistencia; el que lo poda, le obliga a que se lo dé”. De esta frase se desprende la tremenda importancia de la poda en el olivar, es imprescindible realizarla y si se puede claro, hacerla bien. El objeto es aumentar la producción sin que el árbol pierda su fuerza y vigor, intentando disminuir al máximo los periodos improductivos en los árboles jóvenes, alargar el periodo productivo del olivo adulto y retrasar su envejecimiento.

Como bien dice un artículo interesantísimo sobre la poda publicado en el portal: www.oleicolajaen.es, esta labor debe mantener el equilibrio entre hoja y raíz, conseguir que la relación hoja/madera sea la mayor posible, (eso nos dará árboles mejor dimensionados), sustitución de ramas envejecidas por ramas nuevas renovando la masa foliar del árbol, prevenir la solarización del tronco y ramas, aclareo y limpieza de ramón que variará su intensidad en función de la variedad, marco de plantación, etc.

También podríamos resaltar que nos encontramos con tres tipos de podas fundamentales: de formación, de producción, de renovación y/o regeneración, éstas deben ejecutarse siempre cuando el árbol “esté parado”, es decir que no exista movimiento de savia, ya que si el olivo “esta removido”, se dificulta mucho la cicatrización de las heridas provocadas, y además se previene el ataque de numerosas enfermedades.

Lógicamente debemos promover la entrada de la luz en la copa del olivo, así el fruto obtenido serás más abundante y de mayor calidad, puesto que ha madurado mucho mejor. De forma directa la poda también incide de manera significativa en el beneficio del olivarero, puesto que mientras mayor sean los rendimientos grasos obtenidos, mayor serán los ingresos generados para éste, ya lo comenté en un artículo anterior, las almazaras pagan “en aceite” a sus socios.

También es muy importante el efecto que la poda aporta al olivo de cara a la reducción de la temida vecería de éste. Este concepto hace referencia al hecho que cuando un olivo tiene demasiada cosecha, el crecimiento de brotes nuevos se frena de forma importante, y como la aceituna se produce en el brote del año anterior, la cosecha obtenida al siguiente año es ostensiblemente menor.

Es decir, tenemos que podar para regular la producción, conseguir obtener cosechas medias-altas de forma regular es preferible a alternar cosechas altas con bajas. Para ello, debemos evitar producir brotaciones excesivas tras años de carga. Después de grandes cosechas es preferible realizar podas ligeras para favorecer una mayor cosecha de retorno. Por otro lado, tras cosechas escasas una buena poda ayudará a evitar la sobrecarga del olivo. Obviamente, encontrar este equilibrio no es fácil y es complicado tomar la decisión al podar de quitar ramas fructíferas cuando viene una gran cosecha.

En definitiva, si la poda es adecuada, alargaremos nuestras producciones en el tiempo, obtendremos mayor cantidad y mejor calidad del AOVE (Aceite de Oliva Virgen Extra). Hemos de intentar no desequilibrar las copas de los árboles, buscar una óptima relación hoja/madera y proteger a las ramas más grandes de la acción directa del sol. De esta forma, logramos obtener ese éxito deseado que Columela ya anticipó en su día, por cierto, me parece realmente curioso que hace tantísimo tiempo, este Ingeniero Romano ya vislumbrase a la perfección lo que el olivo requería y necesitaba para producir.


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