Publicidad cuestionable

DIEGO GÓMEZ PALACIOS


No quiero ni debo llamarla engañosa porque pudieran salirme chichones por recibir denuncias al estilo de las de aquel supuesto sindicato ya extinto con sus miembros enchironados, que no era tal, sino una panda de presuntos chantajistas.

El mismísimo Arturo Pérez Reverte, que tiene patente de corso para decir lo que quiere y como quiere, en un artículo que titulaba “Mariconadas”, indica que los profesionales de la escritura deben andarse con pies de plomo para evitar que cualquier entidad o persona los empitone. Señala que él se hace esas consideraciones, que tiene sus dudas al escribir, pero que a la postre tira “palante”.

Cuando yo era yo, o sea, hace más de medio siglo, había en Córdoba un organismo llamado Servicio de Inspección de la Disciplina del Mercado. Se ocupaban en deambular por los mercados de abastos, comprobando la corrección en el peso de las compras del público, quizá también de la calidad de los perecederos. Ignoro si aún subsiste; ahora son otros tiempos y otras circunstancias. Pero debiera existir un organismo actualizando y ampliando aquel, a nivel nacional, sin atomizar para no liarnos a los consumidores, que incluyese la calidad de la publicidad y su trascendencia socio-económica, sobre todo en lo relativo a bancos y seguros.

Me viene a la mente lo que dice Miguel Cardador en su artículo “El timo de la estampita”, en tono jocoso pero que, en el fondo, es un asunto muy serio. Me hace recordar que suscribí en un banco pionero un plan de pensiones privado, por el que al jubilarme cobraría 12 millones de pts.; aquello quedó en 6 millones, menos un 40% para Hacienda. (¡Anímense los Parias que no van a cotizar el tiempo ni la cantidad necesarios para tener una pensión digna del Estado!)

Los seguros de vivienda- hogar no me atendieron nunca las averías de fontanería en el jardín, porque no estaban dentro de la casa. Tan solo en una ocasión, hace mucho tiempo, a causa de un temporal de agua y viento me arreglaron los canalones a regañadientes pero, al día siguiente me dieron de baja, alegando que no les interesaba como cliente. Ahora estoy asegurado en otra entidad que se anuncia diciendo que se les llame y rebajarán el importe de la póliza que se tenga, sea este cual sea. Pues, señores rebájenme mi póliza, que os llevo pagando varios años sin ningún siniestro. Me pregunto. ¿Es legal esta manera de competir?

El seguro que hice a mi coche me cubría todo tipo de riesgos, salvo lo que me haga yo solo sin incidencia de terceros. Me robaron la radio y no me la pagaron alegando que no figuraba expresamente en la póliza; les dije que tampoco figuraban expresamente las ruedas, volante ni demás componentes del vehículo y me cambié de “truquista”

Por último, lo que me parece aberrante es que se anuncien bancos y casas de seguros sin oficinas al público, sin personas visibles que den la jeta ante los clientes… Si te engañan cara a cara, qué no te harán por Internet.

No acepto que en el Gobierno, sea del color o colores que sean, se traguen esta barbaridad, teniendo el tremendo problema de paro que sufrimos en nuestra querida España.


No hay comentarios :

Publicar un comentario