Las historias de mi padre (III)

ANTONIO ARROYO CALERO


Fue D. Arturo médico de familia en Pozoblanco hasta no hace demasiados años, persona entrañable, excelente profesional, hombre desinteresado a quien Pozoblanco debe un reconocimiento aunque los que le conocimos ya se lo tenemos hecho pues a la plaza donde vivió la seguimos denominando plazoleta de D. Arturo y no de la Constitución, que es como realmente se llama.

Contaba mi padre que al terminar D. Arturo la carrera de medicina, allá por los años 30 del siglo pasado, le fue concedida una plaza de médico interino en el Hospital Clínico de Madrid. Allí se personó el joven médico ( había nacido D. Arturo en 1.909) para tomar posesión de su plaza. Preguntó por el director del Hospital y le hicieron pasar a un despacho en cuyo sillón se sentaba un señor adusto y ya algo avejentado.

Sin levantarse espetó a D. Arturo : “¿ Y Vd. qué desea?”

- “ Muy buenas, soy el nuevo médico y vengo a tomar posesión de mi plaza”- dijo D. Arturo.

- “Pues estoy dudando en si confirmarlo en la plaza o no”- respondió el Director.

- “¿ Y eso?”- respondió sorprendido D. Arturo

- “Porque es Vd. Muy joven”- contesto el Director

D. Arturo, sin inmutarse, respondió “Pues yo le prometo solemnemente, Sr. Director, que de ese defecto me voy a corregir todos los días un poquito”.

Don Arturo contaba la historia y la terminaba diciendo “. Y cumplí mi promesa”.

Le hizo gracia la respuesta al Director y D. Arturo fue confirmado en su plaza.

Y esta es una de las muchas historias que contaba mi padre.

Seguiremos contando otras historias.


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