A Josefa Redondo Arévalo. In memoriam.

MIGUEL CARDADOR LÓPEZ
(Presidente-Editor)


El día 12 de abril fallecía, a los 89 años de edad, Josefa Redondo Arévalo. Esta mujer sencilla y extrovertida era mi vecina de la casa de arriba, donde tanto ella como su marido Pedro llevaban viviendo 30 años, los mismos que mi mujer y yo, pues fue cuando se habitaron las casas de la calle Santa Eufemia.

Josefa representaba a las mujeres que se criaron en unos tiempos muy revueltos y con muchas carencias materiales, y sin embargo derrochaba alegría en su rostro, como la mayoría de su generación, al haber subido peldaño a peldaño junto a su querido esposo y al haber traído a este mundo a tres estupendas hijas.

Ella se preocupaba y se interesaba por cualquiera de las personas del vecindario, sobre todo si tenían algún problema de salud, como lo hacía ante mi mujer interesándose por mí en mis baches de salud y también de los de algún familiar directo.

Josefa era de esa generación que tenía sus puertas abiertas para prestarse a cualquier necesidad que tuvieran sus vecinos.

Cuando me cruzaba con ella y me saludaba con energía y alegría me recordaba a mi madre, mujeres que acapararon muchos deberes y muy pocos derechos, mujeres de corazón grande, que priorizaban el bienestar de los de su alrededor antes que mirar por ellas mismas.

Su marido me manifestaba que el próximo mes de septiembre se hubieran cumplido 60 años de casados, que se dice pronto en estos tiempos.

Las lágrimas de Pedro yo las veo no solamente de pena, sino también de agradecimiento y dicha, por haber compartido tantos años con una gran mujer, Josefa. Era mi vecina de la casa arriba, pero una vecina con la puerta y el corazón abiertos, cosa que, salvo raras excepciones, ya no se lleva. Era una vecina como las de mi infancia de la calle Alfareros, una infancia y primeros años de adolescencia de poco poder económico pero llenos de calor humano y solidaridad entre vecinos.

Esposo Pedro, hijas María José, Sabina y Julia, nietos, hijos políticos y familiares directos, es normal que estéis tristes por tan dolorosa muerte, pero a la vez debéis tener una paz interior por haber tenido a una gran esposa, madre y abuela. Además todos habéis hecho siempre piña y también habéis disfrutado mutuamente de una intensa relación incluso por encima del hecho de ser familia.

Todos venimos y nos vamos de la misma manera, y en el camino de nuestra existencia, desde que nacemos hasta que fallecemos, al final lo único que queda es el patrimonio de las relaciones humanas, y en eso Josefa era millonaria.

Hasta siempre vecina, y sobre todo amiga, cada vez que pase por la puerta de tu casa me vendrá a la mente y corazón tu personalidad extrovertida y la sonrisa de una vida llena.


No hay comentarios :

Publicar un comentario