El cisma de la Cofradía de la Vera Cruz en Pozoblanco

ARTURO LUNA BRICEÑO

“Y es mi voluntad y que Dios me llevare de esta presente vida mi cuerpo sea sepultado en Santa Catherina Iglesia Mayor de esta Villa de Pozoblanco en la sepultura de piedra que yo tengo hecha por mi encargada en la pared de la Capilla Mayor de la dicha iglesia y que acompañen mi cuerpo quien dolo fueren a sepultar todos los sacerdotes de esta dicha Villa y todos los cofrades de la Cofradías que hubiere en esta dicha Villa con sus hachas encendidas y se les de la limosna conveniente”

Así aparece la voluntad del Doctor Juan de Sepúlveda en los dos testamentos que hizo en Pozoblanco. La declaración de su médico para la certificación que Marcos Ponce llevó a la Corte dijo: “…el dicho Señor Juan Ginés de Sepúlveda capellán y coronista que fue de el Rey nuestro señor falleció y pasó de esta presente vida martes diez y siete días del mes de noviembre del año pasado de mil quinientos setenta y tres e preguntado cómo lo sabe dijo que por qué se halló presente a su fin e muerte y a su entierro porque es médico y le curaba y que esta es la verdad so cargo del juramento que tiene hecho y firmó de su nombre...” 

Cruz del Risquillo, 1915.


Fernando de Sepúlveda y Quirós en su libro “Apuntes biográficos del Doctor Don Juan Ginés de Sepúlveda”. Madrid 1862”, aclaraba: “Respecto a la época de su muerte que también ha sido objeto de discusión está ya fuera de duda con la nota que puso en un libro de la parroquial de Pozoblanco Don Andrés López Redondo, Vicario de dicha Iglesia cuando ocurrió la muerte de Sepúlveda: Martes día de los Mártires de Córdoba San Acisclo y Santa Victoria, a diez y siete de noviembre de mil quinientos setenta y tres. Era de 83 años”. Fue en efecto sepultado en un hermoso sarcófago de piedra que había labrado para sí, incrustado en una de las paredes de la capilla mayor”.

Pozoblanco tenía cuando se inauguró la Parroquia de Santa Catalina, 390 vecinos y en 1573 superaba los 800. La iglesia se había quedado pequeña y para agrandarla eliminaron la capilla mayor. Este parece ser el inicio de un enfrentamiento entre las dos familias más poderosas del pueblo: Los Sepúlveda y los Pedrajas.

El año de 1590 vino a Pozoblanco el canónigo don Pedro Fernández de Valenzuela, de visitador e hizo este informe de Santa Catalina:

“Tenía dos bancadas de arcos de cantería y molduras por largo. Cada bancada tenía un total de cuatro pilares por lo que la nave central tenía a uno y otro lado tres arcos.

No tenía capilla mayor propiamente ya que el último arco de cada lado terminaba en el testero del altar mayor, que estaba situado en el paño que hacía la nave mayor entre poste y poste colateral.

Nave Mayor: Estaba ya colocado el retablo que se había mandado confeccionar. Era de madera, aunque aún estaba sin dorar. Ya tenía las imágenes colocadas, todas de talla y situadas de la siguiente manera: En el hueco del arco de dicho altar mayor y a la medida de su hueco y encima de su remate, había un Cristo Crucificado.

En el cuerpo inferior del retablo había tres nichos, donde estaban colocadas, en el centro la titular de la parroquia, Santa Catalina, a su derecha la imagen de Ntra. Señora y a su izquierda, otra imagen de San Juan-

En el último cuerpo, más reducido estaba, justo en línea con el Cristo Crucificado y Santa Catalina, el Tabernáculo o Sagrario”. 

Última página del segundo testamento de Juan Ginés.


De las imágenes que intervenían en la procesión de la Sangre y el Vía Crucis del Viernes Santo, estaban: El Cristo de la Caridad, la Virgen y San Juan. No aparecen ni Jesús Nazareno, ni Jesús de la Columna. Y surge la pregunta: ¿Dónde estaba la tumba de Juan Ginés de Sepúlveda?

Tapada por el retablo. Y este es el origen de la enemistad de los Sepúlveda y los Pedrajas. Un enfrentamiento que acabó en un largo litigio y que provocó el cisma de la Cofradía de la Vera Cruz. 


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