Las historias de mi padre (X)

ANTONIO ARROYO CALERO


Estamos en tiempos de Semana Santa. Quiero recordar hoy una historia que contaba mi padre relacionada con el Cristo de Medinaceli.

En la costa norte de Marruecos, en el lugar donde hoy se asienta la ciudad de Mehdia, junto a la desembocadura del rio Sebú, se ubicaba en el siglo XVII una plaza militar denominada “La Mamora”.

En el año 1614, siendo rey de España Felipe III, fue ocupada esta ciudadela por los ejércitos españoles al objeto de asegurar el tránsito de los barcos de la corona que hacían el viaje hacia las Américas y defenderlos de piratas y corsarios que buscaban refugio en las costas marroquíes.

Durante 67 años estaría en poder de la Corona española.

Los monjes capuchinos llevaron a la ciudad la imagen de un Cristo en el momento de su pasión. Este Cristo será objeto de culto para los miembros de la guarnición militar y sus familiares.

En 1681, durante el reinado del último rey de los Austrias, Carlos II, la plaza es asediada y conquistada por Muley Ismail Sultán de Mequinez . Los supervivientes, junto con la imagen del Cristo, serán llevados cautivos a esta ciudad.

El Cristo será arrastrado por sus calles para mofa y burla de sus habitantes y abandonado en un muladar.

Los monjes de la Trinidad, orden fundada en Francia en 1193 cuya misión era el rescate de los cristianos cautivos, piden al Sultán les entregue la imagen del Cristo. El Sultán accede si bien exige un rescate por su entrega como si se tratase de un cautivo más.

Establece que el precio del rescate será una cantidad de oro equivalente al peso de la imagen.

Cuenta la leyenda que, milagrosamente, y para enfado del Sultán, el Cristo pesó mucho menos de lo esperado.

Los monjes trinitarios pagaron el rescate y ataviado con el escapulario de su orden es enviado a Madrid donde se le recibe en olor a multitud.

La imagen es ubicada en una iglesia sita en terrenos propiedad del Duque de Medinaceli.

La historia de su rescate y posterior ubicación dan sentido al nombre con el que, desde entonces, se conoce a este Cristo “ El Rescatado” o de ” Medinaceli”.

Al parecer la Iglesia de San Bartolomé de nuestro pueblo fue una antigua sinagoga que, tras la reconquista cristiana, se convirtió en ermita bajo la advocación de San Jaime y posteriormente tomó el nombre de San Bartolomé en recuerdo del apóstol de Jesús que fue degollado vivo en presencia del Rey de Armenia.

En 1953 Fray Albino Obispo de Córdoba, visita nuestro pueblo y toma la decisión de convertir en parroquia esta ermita ubicada en el extrarradio de la localidad. Cosa que ocurrirá en 1954. Se nombra párroco de la misma a un sacerdote paisano D. Francisco Ruiz Herrero que en ese momento era coadjutor de la Parroquia de San Miguel en Córdoba.

Era D. Francisco hombre especialmente sensible con las personas necesitadas, bastante numerosas en aquella barriada. Su labor no solo se limito a los aspectos pastorales, organizó la construcción de viviendas para personas de escasos recursos (“operación ladrillo”), realizó una gran labor social y dignificó aquel barrio un tanto marginado. Contaba con cierto patrimonio familiar que gastó en estos fines.

Aún se recuerda con cariño a este primer párroco de San Bartolomé y en su memoria se ha colocado una placa en el interior de la iglesia.

En 1956 impulsó la creación de una nueva Cofradía de Semana Santa y se acordó de aquel Cristo que, hacía ya casi trescientos años, había sido rescatado en Marruecos.

Desde entonces en Pozoblanco veneremos a este Cristo “de Medinacelí” o “Rescatado” al que tenemos por costumbre visitar todos los viernes del año y en especial el primero del mes de Marzo, al igual que hacen los madrileños.

Y esta era una de las muchas historias que me contaba mi padre.


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