Los tres hombres buenos y un agrimensor elegidos para hacer el Catastro de Ensenada de Pozoblanco

ARTURO LUNA BRICEÑO


El día 10 de diciembre de 1752 se reunían en Pozoblanco las personas designadas de acuerdo al Real Decreto del 10 de octubre de 1749, firmado por el Rey Fernando VI. Así se comenzaba a hacer el documento más completo y exacto de la historia de Pozoblanco.

Los miembros elegidos para ello fueron: Un intendente, auxiliado por un asesor jurídico, un escribano, un agrimensor varios escribientes (siete son los amanuenses que participaron) y operarios de hacienda que debían de acudir a Pozoblanco y convocar al cura para que asistiera como persona imparcial, al alcalde, a regidores y al escribano del Ayuntamiento. Reunidos todos tenían que designar a los tres hombres buenos, que por el número de vecinos le correspondían a Pozoblanco. Personas de reconocida valía para que sobre el terreno acompañaran a la comisión y colaboraran a la recogida de datos. 



Los elegidos fueron: Bartolomé Sánchez Huertos, de 56 años de edad, de oficio labrador por su mano. Vivía en la Cuesta del Romo. Casado y tenía dos hijos: Uno de oficio Ganadero y el otro de menor edad y dos hijas. Debía ser un hombre muy popular y conocido porque era el Administrador de la Obra y Fábrica de la ermita de San Bartolomé. Y a su vez el recaudador, para la Catedral de Santiago de Compostela, del Voto de Santiago en toda la comarca.

Bartolomé de la Cruz, de sesenta y seis años de edad. Labrador por su mano. Casado y que vivía en la Calle de la Ribera, semi esquina a la Calle de Santa Marta, en el lugar que ocupa actualmente el Colegio Salesiano. 


Colegio salesiano y alrededores.
 

Y el tercer elegido fue Marcos Galán. Viudo. De 58 años de edad y de oficio Maestro de Sastre. Tenía un hijo de mayor edad: Jornalero. Vivía en la Calle Real, alquilado. Los dos anteriores eran propietarios de sus casas y también de tierras, viñas y ganados. Marcos Galán solo declaró poseer por todo capital: dos jumentos. 


Marqués de la Ensenada.


A lo largo de dos años y medio acompañaron, casa por casa, a los investigadores y escribanos del catastro. En total visitaron novecientas setenta casas. Midieron más de un millar de piezas de tierra de sembradura y otras tantas viñas. El topógrafo o agrimensor encargado de hacerlo debía de venir de fuera, salvo de existir uno en el pueblo. Y se encargó de hacerlo Antonio de Torres, Maestro Alarife de 43 años de edad. Casado Tenía cuatro hijos. Uno de mayor edad: Arriero. Otro, Aprendiz de Tejedor y los otros de menor edad y dos hijas. Vivía en la Calle del Castillejo, casa propia y sin ninguna carga. Este Antonio de Torres pertenecía a la segunda generación de Alarifes que procedentes de Portugal se establecieron en Pozoblanco a principios del siglo XVIII, y que fueron historiados por Bonifacio de Torres, que Dios lo tenga en su gloria, en su libro: “Alarifes de Pozoblanco. 


Choza de porqueros.
 

La Villa de Pozoblanco que se aprecia en el Catastro de Ensenada es un pueblo agrícola, cuya principal fuente de riqueza es el cultivo del cereal, la obtención de la harina y tráfico de la misma, principalmente para abastecer a la Mina de Almadén para alimento de los galeotes. En segundo lugar la ganadería lanar y de cerda y por último la artesanía textil.

El Catastro de Ensenada de Pozoblanco consta de ocho Libros: El interrogatorio general de 40 preguntas; Libro de las Familias de Seglares; 4 libros de Haciendas de Seglares. Uno de Haciendas de Eclesiásticos y por último el de Comprobaciones hecho diez años después.


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