Mortadelo y Filemón, protagonistas del Premio ‘La Voz de la Lectura’

EMILIO GÓMEZ
LOS PEDROCHES


Recuerdo, muy de niño, que en el armario del salón de la casa de mis abuelos había un tebeo de Mortadelo y Filemón. Me gustaba por su colorido y porque era de lo más movido. Los personajes se salían de los recuadros. Todavía no sabía leer bien pero me llamaban la atención. Lo primero porque los dos personajes principales no tenían pelo. Uno con unas lentes que caían sobre la punta de su nariz (Mortadelo) y otro porque iba solo siempre con pantalones de color rojo y una pajarita negra (Filemón). Los dos protagonizaban la historieta más famosa de los tebeos. Dos detectives muy tontos y torpes, que siempre estaban metidos en líos.

Todas las tardes que iba a la casa de mis abuelos, le echaba un vistazo a ese tebeo. Me fascinaba cuando Mortadelo se disfrazaba. Se convertía en perro, elefante, en un árbol, de silla, de coche o de otras muchas cosas. Unas navidades me encontré que los Reyes Magos me dejaron por la ventana unos tebeos de mis personajes preferidos. Fue cuando empecé a descifrar que aparte de Mortadelo y Filemón, estaba el Superintendente de la TIA, el jefe de ellos, que siempre iba con traje azul. Tenía bigote y una enorme narizota. Me partía de reír con el Profesor Bacterio, el inventor chiflado. Sus inventos siempre salían mal. Hacía que todo funcionase al revés pues las linternas daban sombra en vez de luz, el fuego enfriaba en vez de quemar. Un desastre tan enorme como su barba. Luego estaba Ofelia que estaba enamorada de Mortadelo aunque el protagonista no le hacía caso. Iba siempre con sus botas rojas.



Esos personajes nos han acompañado siempre pues su autor lleva casi sesenta años dibujando historietas. Es Francisco Ibáñez, quien a sus 80 años sigue en activo. Cuenta que de niño, en el portal de su casa había un vendedor de revistas al que le habían robado varias veces. Por ello, por la noche, el quiosquero subía al piso de Ibáñez cajas de tebeos para que no se las quitaran. Esto era una gloria para él quien se enamoró de los tebeos que repasaba durante toda la noche. No obstante, su primer trabajo fue como botones en el Banco Español de Crédito (de ahí la creación del Botones Sacarino). Luego lo dejó para dibujar las aventuras que hicieron felices a tantos niños de todas las épocas.

Ibáñez entró en la historia solo con lápiz y papel. Nunca pensó que podría vender millones de historietas. Le gustaban las películas del Gordo y El Flaco, de Jaimito y de Charlot. En ellas veía como iban corriendo los personajes. Así irían siempre su Mortadelo y Filemón. Y también el cegato Rompetechos y la loca comunidad de vecinos del 13 Rue del Percebe.




Las historietas de Francisco Ibáñez son literatura dibujada. Es por ello que el III Premio ‘La Voz de la Lectura-Luciana López Aparicio’ tendrá a su obra como referente de lectura para los niños que participarán en este concurso. Niños y niñas nacidas en el 2008 y de los cinco colegios de Pozoblanco. Un premio que se está consolidando. No hay en Andalucía un concurso que tenga tanto presupuesto ni que se dé tanto en premios. 4.500 euros, de ellos 3.200 se reparten en premios. La final será el jueves 26 de enero a las once de la mañana en el Auditorio del Recinto Ferial. 



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