La escuela de siempre y el saber de ahora

Decía Alberto Royo que no es cuestión de partidos viejos o partidos nuevos. Ni de pactos educativos. Lo que se está olvidando (y eso sí es preocupante) es que no pongamos en valor lo más sólido que tiene una persona que es el conocimiento. Y es verdad. Hemos confundido los términos. El conocimiento no es que todos los niños estudien inglés. No. La enseñanza va mucho más allá. Tenemos que aprender que una enseñanza eficiente es la que se basa en el conocimiento. No se puede aprender sin esfuerzo ni se puede enseñar sin emoción. A la escuela se va a aprender, no a buscar la felicidad.

El otro día veía como muchos padres se habían quejado porque sus hijos llevando a casa muchos deberes. Sin embargo, una parte de la carga que soportan los escolares también es culpa de nosotros los padres y no de los profesores. Los apuntamos a actividades extraescolares para que aprendan idiomas, música, teatro, baile o que practiquen fútbol, baloncesto, balonmano, natación. La lista es larga y no hay tiempo para más pero no se lo podemos quitar al conocimiento ni a la escuela.

Una de las actividades fundamentales para el conocimiento es la LECTURA. Con ella se descubren personajes que no se ven en la vida real (caballeros, hadas, solitarios, héroes). Es curioso como nuestros hijos cuando son pequeños se entusiasman con los cuentos y no sabemos seguir dándole cuentos para que no pierdan esa pasión por el conocimiento mediante la lectura.

Hay un dato que lo dice todo. Los mejores años para el bienestar fueron el 2006 y 2007 donde había dinero a espuertas. En ese tiempo se produjo un despilfarro tremendo. Tanto fue que en los institutos miles de jóvenes desertaban y abandonaban el aula para trabajar en la construcción donde se ganaba mucho dinero. Se olvidaba que una persona con cultura y formación estará en mejores condiciones que un ignorante para ser creativo o desarrollar habilidades sociales.

La escuela sigue siendo ese sitio donde uno aprende cosas. Muchas le servirán para la vida real y otras no pero en ese tiempo se dan oportunidades infinitas para aprender. En la sociedad ficticia que creamos del bienestar (que nadie se lleve a engaños el bienestar se lo crea uno mismo con su conducta, esfuerzo y inteligencia), en esa sociedad ficticia del bienestar se confundió la igualdad de oportunidades con la igualdad de resultados. Y eso no es así. Los resultados se consiguen con el nivel de conocimiento que se demuestra en la escuela. Sí uno no estudia no puede tener los mismos resultados que el que estudia.

Y luego el hecho de confiar en los docentes, en los profesores. Nuestros padres jamás (o muy pocas veces) iban a quejarse a los maestros y la frase suya era (si tienes que reñirle, le riñes, si tienes que darle un pescozón, se lo das). Hoy es todo lo contrario. Proteccionismo para el niño. Y hay que rescatar de la educación la verdad. Hay asignaturas nuevas con nombres muy modernos EDUCACIÓN EMOCIONAL pero que no son el futuro. Hay que enseñar como dice Alberto Royo literatura, historia, música, lengua, matemáticas. Y lo enseñan los maestros. Hay que confiar en ellos. Me parece muy bien los educadores coach, los consultores, los coaching para docentes pero en educación las emociones son importantes pero también estudiar. Aprender es estimulante, pero requiere de un sacrificio que a veces no resulta placentero.

El conocimiento nos hace más libre, menos manipulables. Uno de los grandes problemas que hemos tenido es que hemos puesto muchas cosas por delante del conocimiento en los chavales. Un bienestar ficticio en forma de móviles, tablet, Pc que son necesarios pero no la base de todo. El saber está en los libros. Ahí se recogen los conocimientos de miles de generaciones. Una generación la actual (por muy sabia que sea) no puede saber más que todas las generaciones juntas que han vivido y han dejado su testimonio. Entre otras cosas porque viven muchos menos que los que vivieron si sumamos todos los tiempos de la historia. Y cuando se ha mantenido la cultura es por algo. Enseñemos historia, lengua, literatura, matemáticas... Y no creemos mundos artificiales. Aprender cuesta esfuerzo pero es un valor que no se puede comprar con dinero.

Página 2 del Semanario La Comarca nº 104 (25/02/2017).

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