La gran Venezuela que nos vendieron

MIGUEL CARDADOR LÓPEZ
(Presidente-Editor)


El pasado martes, en un viaje de trabajo, coincidimos a la hora de comer con dos jóvenes venezolanos que estaban sentados en la mesa de al lado. Estaban de vacaciones, ya que después de terminar sus respectivas carreras realizadas en España, y haber estado de prácticas en Inglaterra e Italia, el año pasado comenzaron a trabajar en una empresa de Madrid.

Venezuela, con un potencial gigantesco en recursos naturales (grandes reservas de petróleo, gas natural, hierro, oro, bauxita, carbón…) y que era uno de los países más ricos de toda Sudamérica hace tan solo tres lustros, en la actualidad está en una auténtica miseria.

La hiperinflación está rompiendo todos los récords, y lo más seguro es que cierre el año en 1.000.000 %, si no me he equivocado. El desnortado presidente, Nicolás Maduro, que tiene el cerebro de un mosquito, ha anunciado que va a tomar varias medidas que sólo se quedan en pura cosmética, como por ejemplo quitarle cinco ceros a la moneda.

Todo esto está golpeando duramente el estómago de los venezolanos. Podemos decir sin temor a equivocarnos que la dureza de la crisis es comparable con la que sufrió Zimbaue a finales de la década del 2000.

Este presidente, que es un dictador que amaña elecciones y mete en la cárcel a los disidentes políticos, quiere empezar a partir del 20 de agosto con la nueva moneda. No hay que ser un especialista en economía para saber que esta medida no servirá de nada si no se acompaña con un programa de recuperación económica.

El disparatado e irracional Maduro se inventa culpables ajenos a su propia responsabilidad y asegura que los precios aumentan por una guerra económica orquestada por la oposición y EEUU para intentar derrocarlo.

Cualquiera que sepa algo de economía puede ratificar que sin reformas, en cinco o seis meses, los nuevos billetes estarán obsoletos y el año que viene habrá que quitarle más ceros a la moneda, en una espiral inflacionista galopante y sin freno.

A principios de 2017 con el actual billete de mayor valor de 100.000 bolívares se compraban unos 11 kg de carne. Hoy apenas alcanza para comprar tres cigarros.

Pero no queda ahí la cosa, pues además de estar sufriendo una escasez sin precedentes, los venezolanos tienen un gravísimo problema en materia de seguridad, y como se confirmó el pasado mes de junio a través del estudio realizado por la empresa Gallup, sabemos que Venezuela quedó clasificado en ese estudio como el país más peligroso en el mundo para vivir, por segundo año consecutivo, cayendo por debajo de países en conflicto como Afganistán o Sudán del Sur en términos de percepción de seguridad. Entre los resultados, la encuesta reveló que el 42% de los venezolanos han perdido propiedades o dinero en 2017 y casi el 25% de los venezolanos han sido asaltados.

Y según reconoce el propio Observatorio Venezolano de Violencia (OVV), en el último año (2017) se registró la espeluznante cifra de cerca de 27.000 asesinatos en el país.

Sintiendo mi vena de periodista, entablo una conversación con ambos jóvenes y les formulo una batería de preguntas que ellos me responden. Hace unos diez días que acababan de venir de su país donde han pasado dos semanas, y para evitar las preguntas destacaré las respuestas interesantes que me dieron, para que se hagan una idea de cómo está el país petrolero.

“Mira, los precios aumentan cada dos días, un sueldo básico no alcanza ni para poder comprar un kilo de carne y la gente tiene que inventarse peripecias para poder subsistir. Un vecino de mis padres, está hasta dos días seguidos sin comer. Cuando le da hambre bebe agua con azúcar y se acuesta.

Ahora mismo el sueldo mínimo no da nada más que para comprar medio kilo de carne, uno de plátanos y dos kilos de yuca.

Otro ejemplo son los ajos, un kilo cuesta 32 millones de bolívares (lo que equivale a cinco salarios mínimos)”.

Con esto de los ajos me acordaba de los pueblos por excelencia de este producto, Montaban (Córdoba) y Las Pedroñeras (Cuenca), que podrían hacer el agosto vendiendo sus ajos.

Continuaban los jóvenes, “En los supermercados es habitual que para compras pequeñas se deben hacer varios pagos, pues los ordenadores sólo permiten transacciones por 20 millones de bolívares, que alcanzan para dos kilos y medio de carne.

También queremos resaltar que el salario mínimo es el equivalente a un euro en el mercado negro.

Un día fui a una panadería a comprar galletas y chucherías y me tuvieron que dividir la factura en tres partes, porque la máquina no aguantaba tantos ceros.

La cesta básica para una familia de cinco personas cuesta 655 millones de bolívares, 123 salarios mínimos. La pobreza en el país ha crecido un 85% en el último año. Cientos de miles de personas han emigrado en los dos últimos años”.

Agradezco la información que ambos jóvenes me han proporcionado y me despido deseándoles lo mejor tanto a ellos personalmente como para su arruinado país.

De regreso a Pozoblanco, me acuerdo cuando hace unos cinco años, Pablo Iglesias, Monedero, Errejón, Echenique, I. Lozano y toda su panda, nos ponían como ejemplo a imitar a La República Bolivariana de Venezuela y como referentes políticos a Chávez y Maduro. ¡Qué caras más duras¡ Claro que con los dineros que les daban estos dictadores por “asesorarles”, ellos le devolvían el favor haciendo de cómicos farsantes.

Qué pena que toda está panda de asaltacielos iluminados no cogieran sus respectivos petates y se fueran con su amiguito Nicolás Maduro. Como esta palabra, petate, quizás la desconozcan Iglesias, Monedero, Echenique, Lozano y Errejón, porque ellos no hicieron el servicio militar, les diré que era una especie de macuto grande y alto que servía para meter toda la ropa y utensilios de los que nos chupamos 13 meses de servicio en la estrenada democracia, servicio gratuito que prestábamos a una entonces unida patria.

Estos mentirosos, ahora que Venezuela se hunde, meten la cabeza como las avestruces y del país sudamericano poco quieren hablar. Ahora ni mencionarlo.

Aquí tenéis en este artículo la verdad de lo que en la actualidad pasa en Venezuela, dirigida por un incapacitado y dictador, del que vosotros habéis mamado, pandilla de hipócritas y mentirosos. ν

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