¿Queremos ser rurales?

EMILIO GÓMEZ
(Periodista-Director)


La vieja comarca de Los Pedroches se está despoblando. Hemos perdido habitantes con el paso del tiempo. Los que estamos, vivimos más cómodos. Hubo un tiempo largo en el que fuimos el culo del mundo. Perdidos. Una tierra poco conocida que para muchos no existía. Carreteras estrechas con curvas y la exigencia de ir a Córdoba a todo, a pesar de que quedaba tan lejos.

En ese tiempo aprendimos a ser autosuficientes. La gente levantó corrales, compró vacas, ovejas, cabras. La gente tenía un gran afán por aprender. Se aliñaban las aceitunas, se cosía en las casas. Había muchos pícaros tratantes, hombres imaginativos, mujeres que triplicaban sus esfuerzos con una inteligencia enorme, herrerías que estaban en las casas (en el corralón). Y luego el milagro de la leche en Pozoblanco. Los milagros económicos, cuando se basan en el ingenio y en el trabajo, no son milagros.

Esos tiempos quedan lejos. Hay niños que viven en una zona rural como la nuestra y creen que los alimentos aparecen en los supermercados de manera espontánea. No sé por qué no se enseña a los niños a valorar el patrimonio medioambiental y cultural que tanto cuidaron nuestros pastores, agricultores y gente de campo a los que se les tildó de paletos. Hay muy pocas iniciativas que nos lleven a saber de nuestro pasado.

Estamos en un tiempo donde se han roto de golpe generaciones de pastores, ganaderos y comerciantes. Durante muchos años la vida cambió poco. Y ahora, de repente, cambió rápido o eso nos parece. Y no solo eso. Entre coches, pitidos y semáforos, pisamos sobre la misma tierra, ahora asfaltada en la que muchos de nuestros antepasados trabajaron. Construimos mucho. No pensamos que luego vendría tanta despoblación. Hay pueblos que están partidos. Se sigue construyendo nuevo (donde la gente se va a vivir) y lo viejo queda perdido por muy céntrico que esté. Una pena. Encantos que se pierden. Hubo que construir más futuro que bienestar. Y futuro era hacernos más fuertes, crecer en nuestros campos y traer ciclos superiores o universidades. Al menos, en los estudios relacionados con nuestra forma de vida. Por ejemplo, Veterinaria o el ciclo superior de Ganadería y Asistencia en Sanidad.

El campo todavía sigue esperando la voz de los pastores. Hay muchos cortijos abandonados. Hace muchos años en una conversación de viejos que presencié, uno de ellos dijo: “primero se irán del campo al pueblo y luego del pueblo a otro pueblo más grande hasta que todos acaben en la gran ciudad”. No se confundía. Vino la época de la Europa urbanizada y llena de autovías. Por aquí, se olvidaron de traerlas. ¿Pedirlas ahora? El tiempo era en el que se hicieron todas (en esos años de locura económica) aunque nunca perderemos la esperanza.

Ahora hay un abandono progresivo de la agricultura y ganadería que está afectando mucho. Si desaparecen más explotaciones, afectará a la belleza de la zona. Una casa en la que no se vive pasa a ser una casa abandonada y posteriormente a ser una casa en ruinas. Un campo abandonado es peor. Necesita manos que lo cuiden para alimentar el ganado, para producir productos de alto valor o cuidar el terreno para que no arda en llamas. Una zona ganadera es una zona habitada y cuidada. Un campo abandonado es una casa vieja cubierta de musgo y pena.

Es cierto que el progreso nos trajo una vida más cómoda, tranquila y a tiro de piedra de la capital. Pero a nuestra comarca y a nuestros pueblos le falta un elemento que asuma la identidad de su gente. Eso es esencial. Tenemos un paisaje maravilloso, abundante agua, buen jamón aunque el paisaje más sublime de todos es el que ofrece la sonrisa de la gente, de los niños. Es un regalo inmaterial que sin embargo permanece. Las relaciones entre los individuos son fundamentales. Es algo que debemos de trabajar. Si queremos que los jóvenes se queden es necesario mejorar este aspecto. Unirnos para ser comarca. ¿Pero qué vamos a ser? Pues lo que fuimos y más. Si se consiguió supervivir durante tantos años, por qué no lo vamos a hacer ahora. Hay que unirse los pueblos, abandonar las diferencias de colores ideológicos y reclamar nuestro futuro. Nuestra gente es valiente para supervivir como lo venimos haciendo históricamente.

La comarca envejece aunque no olvidemos que sigue por la gente que habitó en ella a través del tiempo con su esfuerzo, trabajo, sacrificio y cuidado. Hubo mucha pobreza pero también aventura y los placeres de lo sencillo en una tierra con olor a campo en la que se ha sembrado mucho para seguir adelante y estar donde estamos. ¿Queremos ser rurales? El camino no va a ser sencillo pero ahora mismo es el único.



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