Franco resucita a Pedro Sánchez

MIGUEL CARDADOR LÓPEZ
(Presidente-Editor)


Cuando murió el dictador Franco yo tenía 13 años, y durante mi adolescencia empecé a observar entre la mayoría de los adultos una alegría contenida. Seguramente era contenida porque atravesábamos entonces un periodo histórico muy turbulento y difícil, ya que se estaba gestionando la compleja y difícil Transición Política de una España que trataba de superar, mirando al futuro, un largo periodo de enfrentamientos y oscuridad.

Fue el espíritu de reconciliación que presidió la Transición Política Española el que posibilitó que Fraga y Carrillo lograran entenderse y aceptar las reglas de la democracia, para trasladarlas y fijarlas en una Constitución que pudiera servir para asegurar el futuro de una España que tenía como objetivo el superar de una vez por todas los enfrentamientos fratricidas que tanto han marcado nuestra sangrienta historia. Y aunque desde posiciones extremistas de ambos lados hubo quienes pusieron muchos y difíciles obstáculos, se buscó entonces por la gran mayoría un espíritu de paz y reconciliación, donde pudiera imperar la unión y la concordia, para superar entre todos definitivamente el doloroso pasado, con el empeño en pensar y trabajar firmemente en la construcción conjunta de un futuro esperanzador y halagüeño para nuestro país.

Han pasado ya muchos años de la muerte del dictador Franco, pero parece que, en una democracia moderna y consolidada como es la española, todavía hay gente que -a falta de un proyecto político sólido, eficaz y convincente- no puede vivir sin remover continuamente el fantasma de su permanente recuerdo. Porque ayer se aprobaba en un cambio exprés en la Ley de la Memoria Histórica la salida de los restos de Franco del Valle de los Caídos. El Consejo de Ministros, saltándose a la torera lo expresamente recogido en el artículo 86 de nuestra Constitución, que exige para dictar Decretos-leyes que sean establecidos para casos de extraordinaria y urgente necesidad, dio luz verde a un Decreto-ley que deberá ser convalidado por el Congreso. ¿Desde cuando la exhumación de los restos de Franco es un caso de extraordinaria y urgente necesidad? ¿No debería explicarlo esto alguien?

El Ejecutivo socialista pretende sortear cualquier litigio judicial con la familia del dictador, que se opone al traslado de los restos de su abuelo y anticipa acciones legales.

Por otra parte, la Iglesia que custodia la basílica, avisa de que se requiere un acuerdo previo del Gobierno con los descendientes de Franco. Sin su permiso, la Archidiócesis de Madrid no está dispuesta a autorizar la exhumación.

Conviene recordar que a Franco lo enterraron de sus vidas para siempre los españoles hace casi 9 lustros, en el loable ejercicio de asunción democrática que supuso la modélica Transición Política protagonizada por los españoles, un periodo que se estudia como ejemplo de madurez política ciudadana hasta en las universidades norteamericanas.

A mí, como creo que a la gran mayoría de españoles, me importa un pimiento donde está enterrado el dictador. Y esto mismo no es que lo diga yo, sino que lo manifestó así la mayoría de españoles en el último CIS que se realizó sobre esta cuestión, allá por el año 2008. Porque la amplísima mayoría de españoles estamos muy hartos de la apelación permanente al guerracivilismo y el franquismo, y es una infamia bochornosa que la guerra civil y el franquismo, después de tantísimos años transcurridos y el logro que supuso la Transición, sigan utilizándose continuamente como herramientas para marcar la acción política.

Hay quien con fines espurios pretende dejarnos anclados para siempre en ese concreto pasado, sacando a relucir con cualquier excusa a la guerra civil y a Franco. Pero en España lo que queremos para las generaciones presentes y futuras es que nos permitan pasar página de una puñetera vez, en una sociedad que mire al futuro sin ira, sin rencor y en paz. Y como bien dijo el propio Felipe González hace unas fechas “estos, con tanto hablar de Franco, van a conseguir que resucite”.

Estamos en pleno 2018, y resulta surrealista comprobar cómo llevamos muchos días donde los medios de comunicación se ven obligados a sacar en primera plana permanentemente noticias relativas a una figura histórica que desapareció hace más de cuarenta años. El franquismo, afortunadamente, ya pasó hace muchísimo tiempo, y creíamos que estaba superado. Pero el funambulista de los 84 diputados saca permanentemente a relucir la figura del dictador, porque anda más pendiente del votante de futuro que del hoy y ahora del ciudadano. Lo peor no es que Pedro Sánchez resucite a Franco, sino que a lo mejor es el Presidente el que necesita al dictador para resucitar.

Por si alguien es corto de entendederas, lo que expongo es como digo lo que piensa la mayoría, que nos da exactamente igual que saquen o dejen sus huesos donde están. Por lo que no paso es porque me vendan dicho decretazo como una medida importante y urgente. Porque yo me pregunto, ¿y con José Antonio Primo de Rivera, que está enterrado al lado y que fue asesinado en la guerra civil por los republicanos, qué se va a hacer?

De este último no se ha hablado una palabra, o por lo menos yo no he oído nada.

Yo quiero un gobierno que priorice, esté pendiente y trabaje por lo realmente importante, el empleo, la sanidad, la educación, la ley de dependencia, las pensiones, la inmigración. Que tenga los bemoles y los arrestos para hacerle frente y frenar el separatismo catalán, que sigue adelante sin freno con sus ideas separatistas. Un gobierno que sepa invertir bien el dinero que todos los españoles ponemos a su disposición con nuestros impuestos, haciendo políticas de desarrollo y de empleo en las zonas rurales, para que no siga la sangría de la despoblación, etcétera. Miren si tiene temas importantes para gastar el dinero y el tiempo y que estos contribuyan en la mejora verdaderamente real e importante para la ciudadanía.

Para muestra otro botón de lo que pretende el Ministerio de Justicia elaborando un listado de bienes inmatriculados o inscritos en el Registro de la Propiedad, pertenecientes a la Iglesia Católica, todo eso encaminado a abrir un proceso masivo de reclamaciones judiciales contra ella y de posibles enajenaciones a cargo del Estado. Y se contempla el que puedan aplicar el IBI.

Esta decisión por parte del gobierno de Sánchez es un planteamiento sectario, ideologizado y fracturador, propio de la izquierda más extrema y anticlerical.

Yo, que sí soy creyente aunque poco practicante, respeto la labor de la Iglesia Católica, valorando lo mucho bueno que hacen y también teniendo en cuenta los errores y torpezas que pueda cometer, pero en la balanza puede lo positivo, por la amplísima acción social que desempeña a favor de los más desfavorecidos.

De nuevo el Presidente se equivoca con esta medida, que busca para su partido el mendigar votos de la extrema izquierda más rencorosa, cuando las mayorías absolutas de este partido, desde la democracia, las ha conseguido a través de ciudadanos con posiciones moderadas de centro, de los cuales el 85% cuando menos se confiesa creyente y queriendo respetar a la religión con más de 2000 años, que es la que impregna toda nuestra cultura y sociedad y la que nos inculcaron nuestros antepasados en nuestro país.

Una cosa es respetar aunque no compartamos y otra muy diferente es atacar por sistema lo que no va con nuestro pensamiento, porque entonces no quedaría pollo con cabeza en este nuestro especial país.


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