Cada uno es feliz con lo que tiene

EMILIO GÓMEZ
(Periodista-Director)


Un día alguien se subió en el capó de un viejo 600 que estaba aparcado en la puerta de mi casa. Mi padre con buen talante sugirió al chaval que estaba montado que se bajara. El coche era de mi tía. El joven contestó que la dueña no podía molestarse pues tan solo era un Seat 600 lo que tenía. La respuesta de mi padre fue genial al decirle que “cada uno es feliz con lo que tiene”.

Le ha dado muchas vueltas a esa contestación y creo que en ella está el centro de todo. Hay gente que no entiende que los demás pueden ser felices a pesar de no tener lo que ellos tienen. Por eso se suben en los bienes de los humildes mofándose y destruyéndole lo poco que poseen.

Hay mucha gente que es feliz con su pareja aunque esta no sea una belleza o no tenga un apartamento en la primera línea de playa. Hay mucha gente que es feliz aunque viva en un piso de cincuenta metros y no en un caserón cargado de lujos. Hay muchos chavales que son felices aunque no jueguen bien al fútbol o no sepan tocar un instrumento o no sepan escribir bien. Cada uno tenemos un talento, una cara, un cuerpo, unos bienes, una familia.

Hemos creado una felicidad en el tener, tener más y no en el querer lo que tenemos. Hay que aprender a ilusionarnos con lo nuestro, sin mirar lo de los demás. Hay miles de padres que se arruinaron por querer llevar la vida de excesos que llevaban los demás y porque sus hijos tuvieran tanto o más que el compañero de padres adinerados. Una tontería. Hemos confundido la felicidad con el bienestar, los sueños con el consumo.



Mi tía fue feliz con su 600 al que todavía recuerda. Lo fueron también muchos de nuestros mayores antes de esta sociedad de la apariencia que creamos entre todos. En una casa hay mucha riqueza. No está en los metros que tengamos de superficie, está en los metros que le demos de cariño. Aprender a ser feliz con lo que tenemos. Nadie tiene lo que nosotros tenemos (cada uno en nuestras casas). Nadie tiene nuestros sentimientos, nuestras experiencias, nuestros buenos ratos vividos, nuestra adolescencia pasada, nuestra familia. Nadie tiene lo nuestro. Por eso mosquea que haya gente que se crea que lo de los demás no vale y se suban en nuestras cosas. Por eso mosquea que nosotros tampoco valoremos nuestras cosas. Más bonitas o más feas son las nuestras. La sociedad de la apariencia es una sociedad del momento condenada a la ruina económica y sentimental.

Ese día lejano con aquel Seat 600 con aquella frase comprendí que “cada uno es feliz con lo tiene”. O debería serlo. Por eso me hacen gracia los que se creen por encima de los demás. Por eso me da pena los que no son felices con lo que tienen. Cada uno tiene su mundo y es feliz con lo suyo. Porque es suyo. Cada uno debe de desenterrar el tesoro que tiene. El secreto está en buscarlo y en encontrarlo.


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