El trato con la vida

EMILIO GÓMEZ

Decía Bob Dylan en la presentación de una de sus canciones “Aprendan a vivir, por favor, están desperdiciando sus vidas”. Buena frase. La verdadera vida es la de todos los días con sus alegrías y miserias aunque en algunas tardes pasan cosas buenas y otras no tanto.
Mucho estamos hablando en estos tiempos de la felicidad. Todos la perseguimos. Hay una felicidad efímera y otra más duradera. Nos estamos basando en la felicidad del instante que llenamos con compras, experiencias o viajes. Momentos vacíos y planos llenados con cosas pasajeras.  Pero la felicidad auténtica es hacer cada día lo que te gusta. Para eso tenemos que descubrir quiénes somos y lo que queremos ser. Ahí está todo. Descubrir nuestra vocación, ir en busca de algo, entender que las profesiones sanan. El secreto es encontrar el mundo que se desmarca de la bobada general.  Conocerse a uno mismo, conocer tus propias emociones y sentimientos más profundos que nos ayudan a vivir. Y tenemos que hacerlo nosotros y no los demás.
Posiblemente tenemos que darle un valor diferente a la vida. Es difícil vivir pero está claro que para entenderte a ti mismo, tienes que entender a los que tenemos a nuestro alrededor. Y eso lo hacemos cada vez menos. Nos comunicamos más con nuestros ordenadores y móviles que con los que estamos al lado. No nos entendemos ni a nosotros mismos. Todo tan mecanizado que hemos perdido la humanidad que necesitamos para vivir.  Sin ella no se puede avanzar. Se necesita agua, comida y días para vivir pero también humanidad. Somos, muchas veces, seres encerrados con una máquina. Mi abuela me decía  “eso te va a volver loco” se refería al  primer ordenador  que me compré  en aquellos años 90. Pasado el tiempo, tengo que reconocer que no le faltaba razón. No estamos locos del todo pero hemos cambiado nuestras vidas.
Teníamos un trato con la vida y era el de estar dentro del mundo y aportar algo. Teníamos un trato con la vida y era  el de respetar a padres, mayores y a todos los que estuvieran a nuestro lado. Teníamos un trato con la vida para  decir lo que pensamos y lo que  sentimos. Teníamos un trato con la vida de ser responsables con nuestras acciones. Aquellos tratos con la vida suenan a una monserga antigua. Vivir la vida es tratarla bien. En la vida es siempre ser mejor uno mismo, no que el otro sea peor.


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