¡ Se escribe WhatsApp! Una esquina meá

JUAN BAUTISTA ESCRIBANO CABRERA



Se decía, no hace tanto tiempo, que “Un hombre solo es una esquina meá” (meada para los que aseguran no entender el habla andaluza). Como otras sentencias por el estilo, es difícil haberla escuchado fuera de un marco rural, como nuestros Pedroches de nuestra alma. Por si alguien se empeñara en recuperarla –ni lo prohíbo ni lo propongo- deberíamos empezar por acercarnos a su significado original y, ya puestos, terminar valorando si existe alguna razón para enunciarla en los tiempos de la nueva aldea (La Global, quiero decir).
Comencemos por el final: “Una esquina meá” era un lugar desolado y abandonado. Se encontraba en edificios deshabitados o lejos de la entrada principal de la vivienda. Allí, cuando llegaban los gritos o la escoba espanta-perros, la trastada ya estaba hecha. Es de justicia reconocer que no solo perros merodeaban por aquellas esquinas… Dichos lugares (además de un fuerte olor a orines varios) emanaban tal dejadez que producían un efecto reclamo y, con el paso de los días, al aumentar el número de indeseados visitantes, su situación no hacía sino empeorar. 
Lo de “Un hombre solo” conviene situarlo, aunque sea de forma somera. Se refiere el dicho, fundamentalmente, a una soledad por carecer de compañía femenina. A lo que se llamaba ser un solterón, mozo viejo o haber tenido la desgracia de quedarse viudo. En cualquiera de los casos, eran hombres (la cosa empeoraba si además les faltaba la madre) que presentaban un evidente desaliño en el aseo y el vestir. Se les suponía mal alimentados, vagaban tristones y, demasiadas veces, sus pasos solían terminar en alguna taberna y ellos sincerándose con un vaso de vino peleón o de caldo más exquisito, según su poder adquisitivo. El dicho no entiende de clases sociales. A esos hombres se les recomendaba que buscaran mujer que los cuidara (preparase la comida, lavase la ropa,… y los esperase en casa) para no terminar hechos unos desgraciados. Tiempos de esquinas meás, de perros sin amo, de niños que hacían pis siguiendo su ejemplo y de borrachos (hombres solos) a los que casi todo había dejado de importarles.
Pero los tiempos cambian. Hoy, pocos hombres buscarían a una mujer para que los cuidara de aquella forma y, desde luego, casi ninguna mujer se prestaría a hacerlo. La mayoría de ellas tienen cosas importantes en las que pensar, para andar preocupadas por las esquinas meás. Más allá del compromiso con la causa feminista, los hombres y las mujeres no son lo que fueron. Hasta aquí hemos llegado como buenamente hemos podido, pero el futuro va ser –ya lo es- bien distinto. En ese porvenir, un hombre solo será el que no respete en el trabajo a una mujer que, unas veces ocupará cargos de escasa relevancia y otras será nuestra jefa. Un hombre solo será el que cargue con el peso, sin que se lo pidan, de querer satisfacer y mantener a una mujer. Un hombre solo será el que se pierda, como un estúpido, la crianza de sus hijos. Un hombre solo será el que se niegue a vivir como igual, sin disfrutar las diferencias y singularidad de la mujer que tiene al lado… Un hombre solo es el que elige ser una esquina meá, un solitario, aunque, desesperado halle refugio en alguna “manada”.
Bienvenidos a ¡Se escribe WhatsApp! Muchas gracias por acompañarme hasta aquí. No, no es necesario añadir jejeje ni marcar emoticono alguno. Espero que nos sigamos encontrando en alguna de las plazas de nuestra comarca… Cuando mi abuelo moceaba, un año vino a la feria una caseta en cuya entrada, que no dejaba ver lo que guardaba el interior, lucía un cartel-reclamo: “Solo para hombres.” Los que accedían a sus adentros salían muy sonrientes, pero nada contaban acerca de lo visto allí. Las imaginaciones calenturientas se encargaban del resto… Muchos años después, mi abuelo me explicó que dentro solo había un azadón, un pico y una pala. Hoy, tal vez, deberían poner una esquina meada (meá para los que ya saben de qué hablamos).
Y si el símil lo ha dejado indiferente y nada de lo anterior ha merecido su interés, seguro que en los versos –palabras- que José Agustín Goytisolo dedicó a su hija Julia encontrará mucha más enjundia: Un hombre solo, una mujer// así tomados, de uno en uno// son como polvo, no son nada… De todo esto, mejor hablamos otro día.

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