Carta a Francisco López Ramírez

IGNACIO MONSERRAT
POZOBLANCO

Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.

 A mi ver, el inicio del poema de Neruda tiene que ver con la ocasión. Es como que sigues aquí, silencioso si no se te invocase, discreto y en tus cosas, hasta que no se te invita a pasar el dintel.
En realidad, me predispone a evocar tu compañía ahora que te escribo, como lo disfruté muchas veces y que seguro hicimos tantos.

La vida, es ese tiempo que se nos da, un regalo. Nuestro desempeño será más fiel al premio, en la medida en que reconozcamos ese enorme don.

Cada cual da una finalidad a ese tiempo y es eso mismo lo que determina nuestro paso por este mundo, tan simple como viejo.

 Una cita de Sun Tzu (de esas que te gustan a ti) dice que la vida gira en torno al amor y a la muerte, y que aquello que hacemos por nosotros; muere con nosotros, y lo que hacemos por los demás: ¡sobrevive!

Esta simple cita, que alguien escribió en el siglo IV antes de cristo, te define perfectamente.
Tu tiempo libre (donde estaba yo) lo dedicas a todos, con la misma sensibilidad con la que cultivas ese amor por el arte. Con tus ratos de mosqueos (en el mundo habitan muy pocos ángeles) como tus regalos emotivos y como tus acuerdos por evitar los desencuentros en las tertulias. Toda esa habilidad emocional deja poso, todo eso nunca resta, siempre suma.

Mentiría si digo que no siento tristeza, pero cuando miro hacia arriba, veo una flecha lanzada al sol. Las flechas llegan a su destino y eso hace enjuagar el anhelo a la vez que me dibuja buenos recuerdos.

No sé, si se te dio el tiempo justo, escaso o excesivo. No está en mí enjuiciar eso, sí que lo está el opinar como lo utilizaste: A fe mía que fue orientado hacia los demás. Eso que sobrevive.

El devenir por este ciclo se te cerró, tus obras quedan con la elegancia con la que se cierran las figuras celestiales: en el pecho de los que te acompañaron. La grandeza de algunas personas deviene de hacer cosas grandes sin parecerlo, con el disimulo y silencio con el que siempre te vestiste.

Como diría la canción: Superhéroe de barrio. Un beso.


No hay comentarios :

Publicar un comentario