El Informe Fraser

ARTURO LUNA BRICEÑO



LOS CRÍMENES COMETIDOS EN POZOBLANCO POR EL BANDO REPUBLICANO EN AGOSTO DE 1936.

Ronald Fraser está considerado el mejor de los hispanistas que escribió de la Guerra Civil Española utilizando fuentes orales. Un precursor en 1.973 de la Ley de la Memoria Histórica, pero que lo hizo, al contrario de como ahora se hace en la mayoría de los casos, equilibrando la balanza de las barbaridades que, uno y otro bando, cometieron en una guerra fratricida que la perdimos todos.


Libro de Ronald Fraser.


Mi padre hizo amistad en Córdoba con Fraser y el hispanista le pidió un informe sobre la Guerra Civil, vista por los que la padecieron o fueron perseguidos por el bando republicano. Material que el inglés estaba acumulando para el libro que posteriormente publicó: “Recuérdalo tú y recuérdalo a otros”, Libro en el que quería mostrar que tan cruel y asesino fue un bando como otro.


Manuel Luna Rivera, autor del Informe Fraser.


Manuel Luna entrevistó en Pozoblanco a guardias civiles supervivientes del fatídico barco cárcel de Valencia: ”Legazpi” y a otros que fueron testigos excepcionales, entre ellos su amigo Francisco Palomares, que fue el chofer y guarda espaldas de Don Joaquín Pérez Salas.


El barco prisión “Legazpi” fondeado junto al puerto de Valencia. De  los 175 presos hechos en Pozoblanco que fueron llevados allí solo salvaron su vida 25.


El Informe resultante se lo entregó a Ronald Fraser y el hispanista depositó toda su documentación en el Archivo Histórico Municipal de Barcelona. Yo conservo el borrador escrito a mano y la copia mecanografiada del original que le envió a Fraser.


Milicianos del bando republicano.


Y para ser fiel a las buenas intenciones del hispanista inglés, y ante el hecho de que en Pozoblanco se ha presentado esta semana un libro sobre los crímenes y barbaridades que cometió el franquismo, es justo y licito equilibrar la balanza publicando, una tétrica pincelada, de los crímenes y barbaridades que cometieron los republicanos en Pozoblanco.


Milicianos del bando republicano.


“Al alba del 16 de Agosto comenzaron las detenciones.

Los elementos izquierdistas republicanos y marxistas habían abandonado la población cuando se apoderó de ella la guardia civil, y se retiraron a La Morra, zona situada a unos cinco kilómetros, en el comienzo de los encinares y en dirección Sureste. A los primeros fugitivos – Alcalde, concejales, y directivos de los partidos Izquierda Republicana, Partido Socialista y U. G. T., y algunos que se titulaban comunistas, se fueron uniendo sucesivamente grupos de personas, (obreros e individuos que se habían significado en las luchas electorales contra los partidos derechistas), temerosas de la acción de “los fascistas”, que ya procedían a la detención de los considerados como contrarios peligrosos, encerrándolos en la Prisión del Partido. La masa de personas concentradas en La Morra fue aumentando continuamente. Allí se estableció el Cuartel General de las milicias, y allí se formaron las listas de los que habían de ser detenidos al entrar ellos en la población, cuya lista general fue fraccionada en diferentes listas parciales.


Milicianos del bando republicano.


Cuatro escopeteros acompañados de un individuo portador de una lista parcial iban de casa en casa deteniendo a las personas que en cada lista figuraban y conduciéndolas, bien a la cárcel, bien a la ermita de San Bartolomé, según las instrucciones que el portador de la lista recibiera. Pronto empezaron las ejecuciones entre los detenidos llevados a San Bartolomé, ermita que está situada en el extremo sur del pueblo. Los cadáveres quedaban en los caminos inmediatos a la ermita y eran cargados después en un camión que los conducía al cementerio. También fueron muertas algunas personas en otros lugares de la población, y también se encargaba de recoger los cadáveres el mismo camión, convertido en lúgubre vehículo mortuorio.


Iglesia de Santa Catalina con el Monumento a los Caídos, en esas lápidas estaban los nombres de todos los asesinados   del bando  nacional en  la Guerra Civil.


A la una de la tarde iban ya contabilizados 64 cadáveres. Unos eran asesinados en San Bartolomé; otros lo fueron en puntos aislados del pueblo, y otros en fin en el mismo cementerio, ya que a algunos de los más sañudamente perseguidos por las masas los obligaron por parejas a portear al cementerio un cadáver en una especie de parihuelas, y cuando llegaban extenuados a su destino con su carga macabra, eran inmediatamente asesinados.


Casa destruida por los bombardeos en la Guerra Civil.


Yo era conducido por cuatro escopeteros a las seis de la mañana del día 16. El portador de la lista era un tal Lorenzo, a quién posteriormente encontré muchas veces en la 73 Brigada Mixta. Lorenzo fue herido en la cabeza por un casco de metralla en el frente de Valsequillo, salvó la vida, pero quedó paralizado casi totalmente y en desgraciada situación. Con el tiempo recobró cierta capacidad de movimientos, y aunque se maneja con dificultad, sobre todo las manos. Actualmente es el que, con bastante trabajo, distribuye la prensa en Pozoblanco, ayudándose de un carrillo. Come y duerme acogido en el Hospital de Jesús Nazareno, y siente por mí un singular afecto.


Ermita de San Bartolomé el marco trágico de la matanza del 16 de agosto de 1936.


Ya conté al Señor Fraser este episodio para mí inolvidable.

Los asesinatos y detenciones continuaron durante los restantes días del mes de Agosto. En Septiembre ya aminoraron las muertes y comenzaron a actuar unos jueces llegados de Jaén”,

Manuel Luna Rivera: El Informe Fraser, 1973.


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