Desde mi ventana de Southampton... La “ley seca” se atraganta

MIGUEL CARDADOR MANSO 
(Ingeniero Superior Industrial)


El esperado, diverso y quebradizo gobierno se ha estrenado anunciando medidas con acogidas diversas a las subidas de impuestos, el frenazo a la LOMCE o el incremento del Salario Mínimo Interprofesional. Al listado, se añadía hace dos semanas una nueva ley antibotellón en busca, tal y como dijo la ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, Dolors Montserrat, del “consumo cero”. El objetivo es elevar la edad de iniciación, acotar el acceso de los niños/jóvenes a estos productos y evitar desgracias presentes y futuras encadenadas al alcohol.

Las intenciones son propicias, pero a falta de conocer las medidas concretas que acarreará esta ley, no espero grandes cambios respecto a la situación presente, ya que el monstruo al que nos enfrentamos es demasiado fornido como para derribarlo únicamente a golpe de ley. La afirmación la medito en base a dos datos reveladores. El primero, que en Europa el 84% de los jóvenes entre 15 y 19 años no pueden presumir de poseer el galardón de abstemio entre sus cualidades, lo que demuestra que el problema no es exclusivo de nuestros dominios como muchos creen, sino que es una práctica extendida por todo el viejo continente que va más allá de la cultura. Y dos, en España, la edad media para iniciarse en la bebida ha continuado bajando a pesar de la primera ley antibotellón del 2002.

Respecto a lo último, aunque los estudios la han mantenido prácticamente invariable en la última década entorno a los 13,7 años, mis propias teorías dicen que las evidencias empíricas como la niña de 12 años muerta por un coma etílico en Madrid, reflejan una realidad distinta. Parece ser que al igual que los adultos mentimos con nuestra intención de voto, los niños engañan a las encuestas de alcohol y drogas, así que hoy en día, esa edad media probablemente esté más cercana de rebajar los 13 años que próxima a alcanzar los 14.

La semilla está tan arraiga, haciéndose más fuerte cada vez al profundizar sus raíces en capas de edades más tempranas, que lo único que han logrado las leyes precedentes es extender una capa de invisibilidad pública con la que ocultar las carencias. Actualmente, apenas prevalecen lugares públicos en España donde se hace botellón, pero el efecto colateral de clausurar estos recintos ha valido para regresar a los guateques de los años 60 y 70. De nuevo, las pandillas se reúnen los fines de semanas en cocheras, casas o solares donde se montan sus fiestas privadas; y si no disponen de estos medios, buscan el refugio de las sombras para no ser advertidos.

Considerando todo lo anterior, si el esfuerzo del “consumo cero” se sigue centrando en establecer una “ley seca” en torno a los jóvenes, el fracaso será indudable como ya ocurriera en Estados Unidos, y ni “los intocables de Eliot Ness” podrán detener los ingenios clandestinos de algunos por saciar su sed de alcohol. La clave del misterio es encontrar las motivaciones que anclen las ganas actuales de los chavales por saltar desde la niñez hasta la madurez, dejando atrás una adolescencia de sanas costumbres. Una labor quizás demasiado dificultada por las actuales aspiraciones, ejemplos de vida e ídolos de nuestros menores.


Mientras la sociedad trabajamos en encontrar esas nuevas ilusiones, el mejor amuleto protector contra esta quimera que los preocupados padres pueden darle a sus hijos es la educación; preparándolos para el momento, el cuál sin remedio llegará tarde o temprano. Una vez hecho esto, sólo queda confiar en que cuando la oportunidad se les presente, el niño o la niña diga NO. A pesar del entorno, ellos siempre tendrán la última palabra. El proteccionismo sólo retrasará y puede que hasta empeorará ese momento de encuentro. Y la permisividad, amparada por esa corriente moderna de los “papis colegas”, lleva a contemplar -visto por mis propios ojos- aberraciones tales como padres comprando el botellón a sus vástagos menores de edad. El reto es muy difícil, pero tan real que, como bien decía la ministra, “no podemos mirar a otro lado”. 


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