Pongamos que hablo de vivir

JOSÉ ANTONIO CARBONERO FERNÁNDEZ
(Técnico de la Cooperativa Olivarera Ntra. Sra. de Luna de Vva. de Córdoba)


Toda una vida luchando con ellos, parece que fue ayer cuando empezó y ya son 65 años los que se ciernen sobre él, Francisco y otros muchos como nuestro querido amigo, llevan toda su vida bregando, así es como se suele decir en el argot olivarero, luchando día a día, campaña a campaña, codo a codo con la lluvia y los fríos, con las heladas y el aire de la sierra que corta como una navaja bien afilada.

Ha criado a sus hijos, les ha dado porvenir y esperanza, siempre callado y sin ser presuntuoso, poco a poco, a fuerza de mucho sufrimiento y tesón, ha ido creciendo y mejorando sus condiciones de vida. El poco dinero que pudiera ahorrar en algunas de las buenas campañas que hubo, le dio para comprar un olivar cercano y así conseguir que su hijo trabajase con él y de esta manera darle un porvenir, que es lo que siempre quiso.

Pocas veces le he oído quejarse por nada, algún dolor que ya va apareciendo, algún día de aire o lluvia que le impide hacer sus trabajos, esto es curiosamente lo que más le enfada, pero su condición humana es la de un luchador empedernido, incansable y soñador, siempre pensando en mejorar, siempre pensando en que sus nietos, hoy pequeños olivareros, mañana sean agricultores profesionales que vivan del olivar que él un día luchó.

Admiro profundamente a personas como Francisco, un ejemplo del olivarero de sierra, como es bien sabido se trata de fincas de olivar con elevadas pendientes y dificultades orográficas, dificultades que estos agricultores sortean con destreza y tino, y no por casualidad, pues llevan moviéndose por sus contornos toda la vida: conocen a la perfección las lindes, los arroyos y hasta las matas más recónditas de la sierra.

Con tan poco son grandes, lo que para cualquier agricultor de la campiña supone mediodía de trabajo, para nuestro querido olivarero de sierra supone dos o tres días realmente duros (tratamientos, abonados, podas y quema de ramón...).

Si me preguntan qué es lo que les confiere, lo que les da, esa fuerza, pienso firmemente que una vez han terminado la faena, lo que más les satisface es la sensación de haber hecho las cosas bien y el placer que se siente al quedar exhausto por el esfuerzo realizado.

Este año, después de ver pasar a tantos olivareros realmente satisfechos con la cosecha, todos nos hemos sentido realmente inspirados, llenos de orgullo y sobretodo muy contentos por ellos. La sierra que nos rodea, aunque a veces ingrata, otras veces puede ser realmente generosa, sólo han de darse las circunstancias adecuadas tanto las climatológicas como las inherentes al propio trabajo del agricultor olivarero de la sierra de Los Pedroches, que este año, como cada año, siempre cumplió su parte del trato. 


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