Sor detective

FÉLIX ÁNGEL MORENO RUIZ


Después de haber visto la luz en varios relatos, sor Consuelo, la monja investigadora salida de la pluma del escritor jienense Manuel del Pino, protagoniza una novela breve, La clave Goya, publicada por la editorial madrileña Bendita María en 2015.

Su autor, nacido en Porcuna en 1971, es profesor de Filosofía y, después de ejercer durante varios años su labor docente en el IES “Antonio María Calero” de Pozoblanco ―donde dejó un grato recuerdo entre sus compañeros―, actualmente imparte clases en un instituto de Córdoba. Escritor de ensayos, cuenta también con una extensa producción literaria que pertenece ―casi en su totalidad― al género negro.

La clave Goya nos cuenta cómo en el museo del Prado se lleva a cabo un espectacular robo de varias piezas del Tesoro del Delfín y de uno de los cuadros más enigmáticos de Goya, Saturno devorando a sus hijos. Pronto las sospechas recaen sobre Mario Hurtado, un adolescente conflictivo que mantiene una relación tormentosa con su padrastro, Jacinto Hurtado, que es el conservador de las Salas Goya del museo y el verdadero ladrón. Mario acaba de dejar embarazada a su novia, no tiene ninguna perspectiva de futuro y se acerca peligrosamente al abismo de las drogas. Cuando la Policía encuentra en su cuarto una mochila con una de las piezas sustraídas, el inspector Leiva y la subinspectora Carla ―que ya habían protagonizado varios relatos del autor, entre otros, su primera incursión en la novela policíaca, Olivas negras― lo detienen sin contemplaciones y lo acusan formalmente del robo. Sin embargo, en el momento en que todo parece perdido para el joven, hace su aparición en escena sor Consuelo, una monjita teresiana menuda y simpática que ha viajado a Madrid desde Albera ―un ficticio pueblo del Sur― para enseñarles a sus alumnos las pinturas de la más famosa pinacoteca española. La religiosa ―mujer sagaz y astuta― se da cuenta pronto de que en este caso las apariencias engañan y, decidida a sacar al muchacho del embrollo, se embarca en una aventura trepidante para desenmascarar al auténtico responsable.

En la novela se utiliza con gran maestría la técnica de “la historia policíaca al revés”, que aparece profusamente en Colombo, la exitosa serie de televisión de los años setenta que añoramos con cariño quienes tuvimos la suerte de ver y que, de vez en cuando, reponen ―de manera infame, por cierto― en algún canal de la TDT. En esta técnica, el crimen se presenta al principio, al igual que el culpable y su móvil. De esta forma, el lector conoce de primera mano y, por tanto, mejor que la Policía, los entresijos de la trama. A partir de ese momento, la labor del detective ―y lo emocionante de la historia― consiste en demostrar su culpabilidad. En ocasiones, el lector establece una relación empática con el criminal, de forma que desea fervientemente que el investigador no consiga atraparlo; en otras, por contra, se alegra de su terrible destino después de haber demostrado con creces que es una mente despiadada y sin escrúpulos.

Otro acierto del libro es el diseño de los personajes, especialmente el de la monja sor Consuelo ―heredera del citado Colombo, del padre Brown de Chesterton y, sobre todo, de Miss Marple de Agatha Christie― quien, mediante preguntas socráticas y una tenacidad rayana en el entrometimiento, acosa al sospechoso cual perro de presa hasta que este acaba confesando por agotamiento. Como el teniente de la gabardina llena de manchas y del puro barato, como el sacerdote católico rechoncho y bonachón, como la ancianita inglesa con cara de no haber roto un plato en su vida, sor Consuelo se presenta en los lugares más insospechados y a las horas más intempestivas para horror y agonía del malhadado criminal.

Con La clave Goya, Manuel del Pino ha sabido crear una novela ágil y amena, escrita con un estilo sencillo, en la que los diálogos y la acción están bien compensados ―rasgos que son su seña de identidad―, y que conserva el aroma de las historias

policíacas clásicas. Además, están presentes ciertos valores éticos ya que la religiosa, además de atrapar al culpable, intenta reconducir por el buen camino a los personajes descarriados con los que se cruza. Por todo ello y por mucho más, merece la pena descubrir a este escritor afincado en una ciudad en la que, para desgracia de los potenciales lectores ―ávidos de nuevos rumbos y de aire fresco―, siempre suenan los mismos. 


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