Eleuterio Olmo Bermejo estuvo presente

MIGUEL CARDADOR LÓPEZ
(Presidente-Editor)


Hay veces en la vida que se dan situaciones especiales, donde el recuerdo y la presencia de una persona que falleció hace muchos años se hace palpable, aunque físicamente no esté.

Eso ocurrió el pasado domingo día 22, en la final de fútbol de la Copa Diputación Mancomunidad, que disputaron el C.D. Mojino y el C.D. Peña Los Leones en el campo del recinto ferial pozoalbense, campo que precisamente lleva el nombre del que encabeza este titular.

Todo acompañaba, la tarde primaveral, la entrada de aficionados, más de 400 personas, que ya quisieran tener muchos campos de Tercera División. Aunque se puede decir que el número estaba más o menos parejo entre una afición y otra, la que ponía el colorido era la mojina, con tambores y cánticos durante todo el encuentro, que hacían que el factor campo no tuviese incidencia alguna.

Mi mente viajó al pasado, muy al pasado, y recordé cuando a mediados de los años 70 el Club Deportivo Pozoblanco jugó varias finales de la recordada Copa Diputación, teniendo el recuerdo de una en especial, aquella en la que el equipo pozoalbense se impuso al Córdoba Amateur, en el viejo Arcángel por 0-3 en un partido magistral del hábil extremo pozoalbense Dalmacio, que fue el mejor y que curiosamente es primo de Eleuterio.

En aquella final fueron más de 600 aficionados de Pozoblanco y de la comarca los que acudieron en directo a presenciar dicho encuentro.

Eleuterio Olmo, para los que no lo conocieron, fue una persona extraordinaria, de corazón desmedido y súper generoso. Yo escribo con conocimiento de lo que fue, pues lo tuve de entrenador en el mítico Mapfre, del fútbol local, también como rival, cuando yo entrené al Ferrocarril Oeste, y también como delegado del Club Deportivo Pozoblanco Juvenil, siendo yo el entrenador.

Sin que nadie lo tome a mal, con toda sinceridad, puedo decir que ha habido bastantes personas que han dedicado mucho tiempo a entrenar al fútbol base, pero Eleuterio ha estado por encima de todos, porque desde que tenía 18 años, cuando fundó su primer equipo, y hasta que falleció con cuarenta y pocos años, dedicó su tiempo y el 50% del dinero que ganaba como gruísta de la construcción a su equipo y jugadores, dándose el caso de que, a pesar de que estaba soltero, cuando falleció apenas tenía nada ahorrado.

Yo viví la fundación de la Peña Los Leones como equipo, en el año 1980. Acudí con él a distintas reuniones con el presidente Juan Cangas, en el bar Matías. Así conocí personalmente a Juan, y pronto comprendí que entre él y Eleuterio había mucho en común y que al final cuajaría el proyecto, como al final ocurrió.

De nuevo sitúo la mente en la actualidad y contemplo a 22 jugadores, luchando y dándolo todo sobre el césped sintético, súper motivados por el extraordinario ambiente en las gradas, que hacía subir la adrenalina de los protagonistas y personal de ambos banquillos.

Para seguir con la emoción, los 90 minutos terminaron con empate a uno. Había que acudir al punto fatídico para dirimir, en la suerte de los penaltis, quién sería el campeón.

En el sorteo tocó que el primero en patear fuera el equipo de Los Leones. Los lanzamientos de uno y otro equipo fueron magistralmente ejecutados, y más mérito hay que atribuirle con la tensión y el cansancio físico y mental que en ese momento tenían los jugadores que fueron elegidos para lanzar, demostrando con los mismos que parecían de categoría muy superior a la que representaban.

Llegamos al quinto y último penalti, con empate a 4. Lanza el jugador de la Peña y marca. Ahora era el turno para el jugador mojino, pero entonces se produjo el milagro y Eleuterio sopló en el oído del arquero hacia donde iba a ir el esférico, y así fue cómo el último lanzamiento era detenido por el portero lanzándose hacia su lado izquierdo.

La Peña Los Leones se había impuesto y con ello conseguía la brillante copa. Allí estaba llorando el directivo y delegado, Ángel Calero, Pedro Larios, Miguel A. Cebrián, Samuel, todos ellos tuvieron vivencias con Eleuterio, además del presidente y afines al club, que se abrazaban a los jugadores. También quiero destacar a su entrenador, Eusebio Calero Cabello, gran entrenador con experiencia y muchos años de trabajo con el fútbol de base. Y si de verdad ha demostrado ser un buen entrenador, no por este trofeo, sino por su dilatada trayectoria, es aún mejor persona, donde como prioridad, por encima del resultado, tiene la imagen y buenas formas de los equipos que entrena.

Todo había terminado en lo que fue una auténtica fiesta del fútbol modesto, transmitiendo mi más sinceras felicitaciones al C.D. Mojino y a su ruidosa y animosa afición. Cuando abandonaba el campo de nuevo la mente se fue hacia atrás, hacia el año 1980, hace la friolera de 38 años, donde se pusieron las bases de lo que hoy es el C.D. Peña Los Leones. Miré hacia arriba acompañado de mi hijo Miguel, que también defendió los colores de esa camiseta, y dije para mis adentros: Amigo Eleuterio, hoy has estado en el campo que lleva tu nombre más presente que nunca.



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