¡Diversificar es la clave! (I parte)


ÁNGEL RODRÍGUEZ CABRERA
(Economista)


La actual situación económica y la actual política económica del Banco Central Europeo (BCE) nos están llevando a la extraña situación de tipos de interés negativos, es decir, que un Estado, por ejemplo el español, pide dinero en una letra del tesoro y el interés que paga es negativo, o lo que es lo mismo, que por prestarle dinero al Estado español tenemos además que pagarle intereses. Parece absurdo, ¿verdad? Pues, por desgracia para los ahorradores, es una realidad.

Tenemos que irnos a un Bono del Estado a cinco años para que el interés sea positivo, ya que todo lo que sea a menos tiempo, a día de hoy, presenta tipos negativos en España.

Seguro que estarán pensando si esto es malo para todo el mundo. Pues no, en esta situación las personas (físicas o jurídicas) que estén endeudadas a interés variable, que se hayan endeudado recientemente o que tengan pensado endeudarse lo van a hacer o lo han realizado a unas condiciones muy favorables. Es decir, que esta situación es perjudicial para el ahorrador y muy favorable para el endeudado.

¿Y qué ocurre con los bancos? ¿Esta situación les es favorable o no? Seguro que muchas personas habrán pensado que como los bancos no pagan prácticamente interés por el plazo fijo, es una buena situación para ellos porque se ahorran el pagar ese dinero. Pues, por desgracia para las entidades de crédito, no es cierto. Estos tipos de interés negativos o cercanos a cero son muy perjudiciales para las entidades de crédito, que se ven en la extraña situación en la que el ‘bien’ que ellos venden, del que hacen de intermediarios, es decir, el dinero, prácticamente no vale casi nada.

Como a las personas que tienen o necesitan financiación les es favorable esta situación, voy a centrarme en una de las partes perjudicadas: el ahorrador.

El ahorrador -figura poco potenciada en mi opinión y maltratada en esta crisis económica con tipos cercanos a cero- se encuentra en una posición complicada. El producto estrella del ahorrador tipo español, el famoso plazo fijo, no tiene sentido, ya que no da interés alguno (entre 0 y 0,1 por ciento en la mayoría de los casos) y guardar el dinero en ese producto o en cuenta corriente o ‘debajo de la baldosa’ (luego hablaré de esta opción) supone perder capacidad adquisitiva sí o sí. Es decir, que quien no invierta su dinero o quien lo tenga en un producto que no da rentabilidad, está tomando la opción de no perder cantidad monetaria pero sí de perder capacidad de compra.

¿Esto que significa? Pues como ya hablé en mi anterior artículo (‘El plazo fijo ha muerto’), si contratamos, por ejemplo, 10.000 euros en un plazo fijo este año y vemos lo que tenemos dentro de un año, seguramente tengamos los 10.000 euros que habíamos metido en la imposición, es decir, que mantenemos la cantidad monetaria; pero eso sí, dentro de un año no vamos a poder comprar lo mismo con esos 10.000 euros que este año porque la inflación, que estará seguramente entre el 0,9 y el 2,3 por ciento de aquí al año que viene (según Bankinter), va a suponer que seamos entre un 0,9 y un 2,3 por ciento más pobres dentro de un año. Por lo tanto, estamos optando por una opción perdedora sí o sí.

Es muy importante que tengamos esto muy claro: quien decida que su dinero a día de hoy esté en una caja fuerte, en cuenta corriente o en un plazo fijo debe tener claro que está asumiendo una pérdida casi segura, salvo que la inflación fuese negativa, lo cual sería muy extraño con las previsiones actuales). Si teniendo esta verdad clara aún así queremos asumir esa pérdida, el ahorrador está en todo su derecho a tomar esa decisión, que no es mejor ni peor que otra, simplemente es una decisión perdedora per se.

Con respecto a la opción de tener el dinero ‘debajo de la baldosa’, como coloquialmente se ha dicho muchas veces, en mi opinión no debería ser una opción. Aparte de la pérdida que se asumiría por la inflación, que es exactamente la misma que teniéndolo en cuenta corriente o en plazo fijo, se corre serio riesgo de robo y deterioro y de problemas con el fisco (riesgo importante a tener en cuenta para cuando se quiera usar ese dinero legalmente). No tiene prácticamente sentido alguno que dinero legal ‘en A’ esté guardado debajo del colchón o de la baldosa, salvo el cash necesario para una emergencia o uso diario.

Después de esto, estoy seguro de que se estarán preguntando en qué producto metemos nuestros ahorros. Pues no hay una respuesta única, porque es un tema muy personal que depende del perfil de riesgo y capacidad temporal de cada persona. Así, para personas que no estén dispuestas a asumir ninguna variación en su cantidad monetaria, aunque sí estén dispuestas (no les queda otra) a asumir menos capacidad de compra, como antes he explicado, optarán por tener el dinero en líquido, tanto en plazo fijo como en cuenta corriente.


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