Listas abiertas individuales con "meritocracia"

MIGUEL CARDADOR LÓPEZ



Conforme el tiempo va pasando desde que se creó la Constitución, hace 40 años, hay artículos que se han quedado incompletos con arreglo al tiempo que vivimos, porque las necesidades y problemáticas actuales no tienen nada que ver con las que teníamos en nuestro país hace ocho lustros.
Esos posibles y necesarios cambios tienen que aprobarse con una mayoría de los españoles, porque todas las autonomías emanan de un tronco central que se llama España.

Otra urgencia, para mí vital, es la modificación del comportamiento de los partidos políticos y sus integrantes que viven de la política: Diputados, senadores, parlamentarios autonómicos, diputados provinciales y alcaldes, sobre todo de localidades superiores a 10.000 habitantes.
Los partidos actúan habitualmente según ciertas directrices que se convierten en un dogma. Un dogma que condiciona y controla a las personas que ocupan ese cargo tan apetecible merced a figurar en las listas de un partido, y a las cuales se les obliga a votar ciegamente lo que dictaminan las tres o cuatro personas que están en el piso más alto de la pirámide, viéndose inducidas aquellas  a  callar y tragar si quieren seguir cobrando los buenos sueldos y dietas y mantener otros privilegios que les reporta su cargo.
Todos los que en nuestra comarca han ocupado puestos de los que menciono saben que esto que digo es así, ellos han votado muchas veces en contra de lo que pensaban obligados por las directrices y consignas ineludibles e impuestas que provenían de otras más altas instancias. Donde menos se da esta dictadura de partido es en los alcaldes, y normalmente su gestión es bastante presidencialista.
Yo me hago una pregunta: ¿Cómo pueden estar en determinados cargos  tan importantes a nivel nacional o autonómico ciertos políticos, en los que mueven cientos y hasta miles de millones de euros, cuando el 60 % del total de ellos no tienen experiencia profesional alguna y otros llevan en política y viviendo de ella desde que entraron en las juventudes de los respectivos partidos?
Con este paralelismo es como si se nombraran para dirigir grandes empresas como el grupo Inditex, El Corte Inglés, Endesa, ACS, etc., a personas que no tienen formación académica ni experiencia profesional  en ningún sector  o actividad económica.
Para mí, el modelo actual de partidos está totalmente caduco, y con el paso del tiempo,  como no se modifique sustancialmente o aparezca otro modelo, yo creo que los problemas importantes, no solo no los solucionarán, sino que se agravarán.
Desde mi punto de vista la modificación sustancial que podría mejorar con creces el modelo político sería el de que hubiera unas listas independientes y abiertas no necesariamente vinculadas siempre a partidos políticos concretos, pues supondría una mayor  libertad del votante para expresar su predilección a la hora de elegir a sus representantes.  En esa lista, con el objeto de hacerse una idea aproximada del potencial y capacidad del aspirante a representante político,  podría aparecer una puntuación individual del candidato con arreglo a un baremo de méritos como, por ejemplo, los que pongo a continuación:
En cada apartado se puntaría de 0 a 10 puntos, y con el nombre de la persona que se presenta a un cargo político profesional aparecería la puntuación.
Por cada idioma que se domine correctamente; 7 puntos, no cuentan los de comunidades autónomas. Por cada carrera terminada; 8 puntos. Por cada año de trabajo a jornada completa en empresa pública tendrían un porcentaje de 1 a 6 puntos. Por trabajar en empresa privada a jornada completa; de 1 a 9 puntos. Por ser autónomo según años y personal contratado; de 1 a 10 puntos. Si se está casado con hijos, 6 puntos.  Si no ha estado nunca cobrando como político: 10 puntos. Si se tiene una discapacidad igual o superior al 33 %; de 1 a 9 puntos. Los nacidos en otros países necesitarán tener un mínimo de 5 años viviendo en nuestro país. Trabajos altruistas de tipo social; de 1 a 8 puntos. Y algunos más, que no menciono por no alargarme más. 
Además, ninguna persona podría estar más de dos legislaturas en el cargo político, y esto con el fin de que nadie pretendiera aferrarse a la política y hacer de ella su “modus vivendi” para los restos. De alguna manera habría de promoverse e idearse un sistema donde se incentive que a la gestión política se acercaran con noble interés los mejores y más capacitados, con el fin de que dicha gestión política fuera más eficiente para la comunidad y además no supusiera nunca un buen y atractivo refugio para algunos aprovechados y mediocres medradores  camuflados bajo un supuesto discurso o compromiso social con base “ideológica”.
Encontrando un sistema donde se reflejaran con anterioridad los méritos propios no vinculados a una filiación partidista de los candidatos a la representación política,  las personas  posteriormente elegidas que se pusieran a gestionar los dineros y recursos públicos, sin ninguna duda,  lo harían con mucha más libertad,  coherencia y ecuanimidad, ya liberados  del  yugo que supone el dogma del partido y la férrea disciplina de voto,  que es el aro por el que hay pasar en la actualidad para, tragando los sapos que haya que tragar, mantener el sillón aunque se pierda el decoro, el honor y la dignidad, además de la memoria.
Lo que en la actualidad es de chiste es que haya personas de todos los partidos con cargo político profesional que no tendrían capacidad ni para presidir su comunidad de vecinos.
Sé lo que están pensando algunos lectores (“pero es que las ‘ideologías’ son diferentes”). Sí, las “ideologías”, claro, lógicamente, pero en los tiempos actuales y en el futuro, tenemos numerosos problemas muy difíciles de resolver, que son prioritarios y comunes,  y que en un mundo global como el nuestro,  sus soluciones vienen más de la aplicación del sentido común y de la razón que de la imposición de un determinado, presunto y supuesto color “ideológico”, como las pensiones, creación de puestos de trabajo a nivel general, y sobre todo en la España rural, sanidad, racionalidad en los impuestos, Ley de Dependencia, educación de verdadera calidad tipo países nórdicos o modelo canadiense, incentivar la natalidad de verdad, acceso a la vivienda con alquileres subvencionados para menores de 35 años y residencias de la tercera edad en el entorno donde los mayores han pasado su vida. Y todo esto cuadrando los números, que es como se lleva a cabo la gestión de cualquier empresa privada. 
Lo que se necesitan realmente son buenos, independientes y ecuánimes gestores que no tengan necesidad de vivir de la política, que además tengan y demuestren inteligencia, decisión y voluntad propias, porque no hayan sido estas arrasadas ya por la voluntad colectiva de su partido,  y que busquen el bien común y el interés general,  no gente aborregada y sectaria que tiene como pretensión principal el vivir ellos  ya permanentemente del pesebre al que han llegado a través de escoger y transitar durante años por el pasillo “ideológico” más próspero para su futuro concreto y particular.
Y digo todo esto porque, para mí, viendo cómo están las cosas, la degradación progresiva y el embuste sistemático y permanente de algunos políticos de altura (física, que no moral, ética o intelectual),  la supuesta “ideología” se convierte demasiadas veces en una milonga trufada de continuos engaños y adoctrinamiento que nos venden los partidos para seguir aferrados al chupe del privilegio y la creación de puertas giratorias, para que unos y otros y familiares directos estén cobrando buenos sueldos que salen de nuestros impuestos, y así hasta que lleguen a la jubilación, cobrando  además la máxima, mientras que trabajadores por cuenta ajena o autónomos con 46 años de cotización cobran un tercio. 
Parece evidente que lo que se necesita en nuestra sociedad son más y mejores ideas para desarrollar una eficaz e inteligente gestión de los temas importantes, y para abordar con responsabilidad y eficiencia las cuestiones que nos incumben a todos,  y menos “ideología” barata y contaminada practicada por autómatas chusqueros de estómago agradecido y dirigida por engañabobos al servicio particular del partido, la cual a menudo está cargada de adoctrinamiento, prejuicios simplistas, confrontación premeditada y sectarismo.
Como digo en el inicio de este artículo, el actual sistema de partidos, tal y como ahora funciona, para mí está agotado,  y con el paso del tiempo,  si no se cambia sustancialmente, todos los ciudadanos pagaremos unas facturas muy altas.

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